julio 17, 2017

Feminismo

Ayer en Huéscar (Granada) un malnacido asesinó a su esposa a hachazos y luego se suicidó. El malnacido podría haber invertido los actos y haberse suicidado primero pero decidió no hacerlo. De ese modo, y a fecha de hoy son ya 60 las mujeres asesinadas por las diversas formas en las que el terrorismo machista se reviste para acabar con nuestras vidas solo por el hecho de ser mujeres.

Esta misma semana y en las fiestas de los sanfermines la Policía Municipal de Pamplona requisó objetos como chapas y camisetas que incitaban a la violencia sexual. La abogada Sara Vicente, en representación de la comisión para la investigación de malos tratos a mujeres, fue quien puso la denuncia que se focaliza en el "alto contenido vejatorio y humillante para las mujeres, así como sexista". Sin embargo la Fiscalía Superior de Navarra archivó esta denuncia "al no ser los hechos denunciados constitutivos de un delito de odio." Así nos va a las mujeres también en algunos espacios jurídicos. Y es que los agentes jurídicos tienen tan "naturalizadas" algunas cosas que al no ver delito en esas acciones las refuerzan y alimentan al patriarcado agresivo y nos convierte a las mujeres en objeto de consumo de depravados que seguramente buscarán reforzarse y ser dignos hijos de ese patriarcado feroz.

El alcalde de Pamplona Joseba Asirón manifestó en rueda de prensa que este año en sanfermines se han presentado dos denuncias por agresión sexual frente a las cinco del año pasado y doce por abuso sexual, una menos que el año anterior, lo que según las palabras del alcalde, refleja que Pamplona es una ciudad "razonablemente segura" y, además resaltó que las fiestas de los sanfermines son "de las fiestas más seguras de todo el Estado". Pues esa seguridad deben sentirla los hombres, puesto que mientras exista una sola agresión u abuso sexual a las mujeres, esa presunta seguridad es talmente un mito para nosotras, como vemos años tras año tanto en los sanfermines como en otras fiestas de pueblos y ciudades. 

Este mismo fin de semana Garbiñe Muguruza ganó uno de los grandes torneos de tenis del mundo, el de Wimbledon. Ona Carbonell consiguió la medalla de plata en la final de Solo Técnico en natación sincronizada en los Mundiales de Natación que se están celebrando en Budapest. Y la atleta María Vicente se ha proclamado campeona del mundo juvenil de heptatlón en Nairobi. Tres hitos en el deporte femenino que no han merecido una sola portada en los diarios deportivos que están mucho más preocupados por el Tour de Francia o por el retorno de las estrellas de los equipos de fútbol masculino a sus pretemporadas que en resaltar los éxitos de las mujeres deportistas. Esto tampoco es nada nuevo, sobre todo en un mundo en donde los propios presentadores de algún programa de radio o de TV se llaman entre ellos "machotes", sin importarles nada quien les pueda estar viendo u escuchando. Esa parte pedagógica que han de tener las personas comunicadoras, en temas de igualdad se volatiliza a la velocidad de la luz. Terrible pero real.

También esta semana se dio a conocer por parte de uno de los grandes sindicatos del Estado, UGT, que las mujeres perciben casi un 23% menos de salarios y 423 euros de pensión menos que los hombres. Desde este sindicato se insta al Gobierno a cumplir la ley 27/2011 de 1 de agosto, sobre actualización, adecuación y modernización del Sistema de Seguridad Social, que ha venido posponiendo durante 6 años consecutivos en los PGE y adoptar ya la Resolución del Parlamento Europeo, del pasado 23 de junio, para corregir la brecha salarial y en pensiones entre mujeres y hombres. El sindicato recuerda también la necesidad de aprobar una Ley de Igualdad Salarial. 

Como también he dicho en múltiples ocasiones, el mantenimiento de esta brecha salarial, indudablemente implica que se mantengan estas desigualdades en las pensiones como demuestran los datos.

Y todos estos hechos han ocurrido en una semana. Y alguna gente todavía se atreve a manifestar que el feminismo no es necesario y, en el mejor de los casos, dirá que está obsoleto.

Se puede hablar de igualdad, incluso de igualitarismo que no suena tan duro o veraz, pero no de feminismo, puesto que este término espanta a la gente. Creo que no entienden que no puede haber igualdad sin feminismo.

Para mí el feminismo es una forma de vida, pero además es una forma de pensar o ideología que ha de ser crítica, transformadora y radical (de raíz) que es absolutamente necesaria para cambiar la sociedad. Y ese cambio ha de dirigirse hacia una igualdad real de derechos y oportunidades para hombres y mujeres. 

Conozco de primera mano casos en los que después de haber realizado la matrícula en un ciclo de Formación Profesional para la Igualdad, ha habido alumnos hombres que han dejado de ir a las clases por no compartir el uso de lenguajes inclusivos en el aula en donde mayoritariamente había alumnas mujeres. Y en esa misma aula alumnas mujeres que han abandonado el curso porque se "incitaba" a un feminismo radical cuando en realidad se estaba hablando de igualdad, cuando lo que se estaba haciendo era desmontar teóricamente el entramado patriarcal. Triste pero real también.

Y es que en el fondo tanto muchas mujeres como casi todos los hombres le temen al feminismo porque cuestiona las bases de las sociedades patriarcales. Y ese temor se extiende a la vida propia porque exige una revisión profunda y no solo teórica de las bases de nuestra propia forma de ver y entender el mundo. Y eso, aparte de doloroso, es un trabajo perpetuo de revisión, análisis y reforma de patrones.

Pero de lo que no tengo ninguna duda es de la necesidad del feminismo cada día y casi en cada acto cotidiano porque no existe una igualdad real. Y es que al contrario de lo que afirma la definición de feminismo en la RAE en donde se afirma que es una: "Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres" yo creo que, sencillamente hombres y mujeres han de tener los mismos derechos. Mientras que la acepción de la RAE simbólicamente reconoce la supremacía en derechos de los hombres y los pone como referencia en una relación de superioridad con respecto a las mujeres, yo opino que esa desigualdad simbólica debe desaparecer y existir una simetría en las relaciones. Así de simple. Así de fácil es la igualdad. Y por ende, así de fácil habría de ser el reconocimiento de la necesidad del feminismo.

Pero su potencia transformadora asusta a demasiada gente. Y por ello lo criminalizan, lo menosprecian y vilipendian. Porque es transformador y crítico. Y, desde luego porque pone en jaque las estructuras patriarcales que siempre resultan mucho más cómodas.

Por supuesto voy a seguir defendiendo su necesidad y voy a continuar definiéndome orgullosamente como feminista. Porque el "bicho" como lo llama a veces Elena Simón, se coló dentro hace bastantes años y lleva corroyendo mis cimientos patriarcales desde el primer momento. Y así continuará siendo porque yo lo quiero. 

Porque busco una sociedad más equitativa entre mujeres y hombres y, por tanto, creo que más justa socialmente. ¿Te apuntas?

Teresa Mollá Castells
tmolla@telefonica.net
La Ciudad de las Diosas