diciembre 10, 2017

Hela ha venido a hackear el Universo Cinematográfico de Marvel

La villana de ‘Thor: Ragnarok’ es la excepción en una franquicia superheroica que no permitía a las mujeres ser las malas de sus películas.

Hela, interpretada por Cate Blanchett, agarra del pescuezo a Thor.

El director de cine Shane Black declaró públicamente el año pasado que, en las primeras versiones de su guión para Iron Man 3(2013), el personaje interpretado por Rebecca Hall, Maya Hansen, era la villana de la película. Sin embargo, las altas esferas de Marvel les habrían impedido seguir esa línea argumentando que el villano debía ser un hombre porque de lo contrario no conseguirían vender juguetes y figuras tan esenciales en el merchandising de este tipo de películas. También la propia Rebecca Hall confirmó que había aceptado participar en la película con un papel mucho más relevante del que finalmente tuvo. Todo esto remarcó un grave problema en los cimientos del Universo Cinematográfico de Marvel que se había dejado pasar durante mucho tiempo: desde que Marvel Studios comenzara a producir y controlar creativamente sus propias películas con Iron Man (Jon Favreau, 2008), no habíamos visto a ninguna mujer como figura antagónica principal. No había villanas en Marvel.

Por lo general, las quejas lanzadas a la mega-franquicia desde el propio fandom y desde medios del ámbito cultural durante estos años se han centrado en la preocupante infrarrepresentación femenina dentro de los equipos heroicos y en el nulo interés de Marvel por producir una película individual de su personaje femenino estrella, Viuda Negra, o de cualquier otra mujer superheroica hasta que incluyeron Captain Marvel (Anna Boden y Ryan Fleck, 2019) en los planes de la compañía a largo plazo. De esta manera, ha pasado más desapercibida la práctica inexistencia de mujeres en el bando antagonista a lo largo de las dieciséis películas previas a Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017).

Evidentemente, hemos podido ver a la ocasional sidekick del villano en películas como la ya mencionada Iron Man 3 y en Doctor Strange (Scott Derrickson, 2016), con roles de práctica irrelevancia argumental pero que hacían bulto contribuyendo a llevar a cabo los planes del antagonista de turno igual que los hombres del mismo bando. No obstante, siempre han supuesto un porcentaje muy bajo de los personajes femeninos y ha sido Thor: Ragnarok, estrenada en salas comerciales el mes de octubre, la primera película que ha introducido a una figura femenina deliciosamente perversa en el Universo Cinematográfico de Marvel: Hela, Diosa de la Muerte. A ella, además, su imagen y estética ya le conceden un lugar privilegiado no solo en una película, donde hay cuatro mujeres contadas que hablen en algún momento, sino en toda la franquicia. Esto, como acontecimiento casi subversivo en el cine superheroico actual, merece que le echemos un ojo.

Todo análisis de estas características debe entenderse desde el prisma de la diversidad y variedad de personajes femeninos y masculinos que, todavía utópicamente, nos gustaría encontrar en este tipo de franquicias. Queremos superheroínas, pero también queremos villanas que no encorseten a la mujer en un único bando como si hubiese algo inherentemente prohibido o la mujer fuese eminentemente buena. En definitiva, y digo esto como fan de la franquicia y de las publicaciones originales, queremos para los personajes femeninos lo que ya existe para los masculinos. Era un problema que no hubiera villanas, pero también lo habría sido que todos los personajes femeninos hubiesen ostentado esta posición y se las hubiese representado como el bando contrario al hombre, la maldad pura y el único enemigo a batir. No obstante, ese no ha sido el caso, de manera que excusas como la sufrida por Black y Hall no tienen sentido en un contexto en el que Viuda Negra ha sido activamente apartada del merchandising oficial en numerosas ocasiones durante los siete años que lleva formando parte de la franquicia y Disney cuenta con problemas semejantes en relación a Star Wars y su nueva protagonista femenina. Sencillamente, han sido trabas que se han puesto en el camino hasta que, en el panorama cinematográfico actual, podía salir rentable que una actriz del calado de Cate Blanchett llevase el caos a Asgard en la película dirigida por Taika Waititi.

La existencia de Hela en la narrativa es tan repentina como lo es en el mismo Universo Cinematográfico de Marvel: justo antes de morir, Odín confiesa ante Thor y Loki que su marcha supondrá la llegada de su primogénita, la Diosa de la Muerte, hermana totalmente oculta a ojos de ambos y de Asgard y cuyo poder solo estaba pudiendo contener por medio de su propia magia. Así, surge un portal por el que Hela reaparece en la realidad tras quién sabe cuántos cientos de años y se presenta ante unos confusos hermanos que desconocen el alcance de la verdad que trae consigo. Allí mismo, después de ordenarles que se arrodillen ante ella, ante su reina, la observan horrorizados mientras rompe el martillo Mjolnir con tan solo una mano.

Como aparición en una nueva película del Dios del Trueno la verdad es que resulta contundente. Ahora bien, más allá del poder momentáneo que esta imagen ostenta en un contexto narrativo en el que sabemos que los héroes siempre van a terminar victoriosos, ya se introduce el concepto principal asociado a Hela: ha venido a romper con todo lo establecido, ya sea por medio de la fuerza y el terror o con la destrucción del orden encarnado en Odín y sus hijos legitimados públicamente.

Antes de su aparición solo sabemos de ella que tuvo que ser controlada por una ambición desmesurada y unos apetitos violentos, algo que, viniendo del mismísimo Odín, da como para reflexionar. Pero había algo más: Hela habría tratado de usurpar el trono, pero era la primogénita, la heredera con un poder incontrolable que hacía las delicias del Padre de Todos cuando ambos libraban batallas para invadir y conquistar a sus enemigos con fuerza y sangre. Esa es la verdad que Hela porta, la verdad que Odín quiso censurar encerrándola y reescribiendo los acontecimientos para ser visto como un gobernante magnánimo que logró la paz por medio de treguas y diálogo. Hela es la huella de un pasado que ha sido revisado y reescrito, un inconveniente que, tal y como lo consideró Odín, merecía ser contenido y eliminado de la conciencia colectiva. De esta forma, la verdugo del Padre de Todos fue condenada a una damnatio memoriae en la que su nombre y su imagen fueron destruidos hasta el punto de que ya nadie en Asgard recuerda quién es.

En un principio, Hela cree que el pueblo va a alegrarse de verla y abrazará el nuevo orden con el que pretende restaurar la grandeza de Asgard conquistando y devorando más allá de los Nueve Reinos, sin embargo, sólo encuentra oposición y el desconocimiento más absoluto de su persona. Esto es especialmente interesante porque nunca lo habíamos visto con ningún otro villano. Ninguno de los villanos masculinos, a pesar de haberse enfrentado algunos de ellos al propio Odín, habían sido condenados a una eliminación del canon narrativo interno, por mucho que en algunos casos se hubiera intentado mantener secreta su existencia. Que sea una mujer la que merece este tratamiento por parte de Odín, junto con un encarcelamiento posiblemente milenario y el control de una ambición femenina que pretendía sobrepasar al patriarca, es muy significativo y lleva irremediablemente a compararla con Loki.

La razón es muy básica: ambos han mostrado unas motivaciones hasta cierto punto similares exploradas con Loki en las primeras películas de Marvel Studios, a partir de lo cual podemos ver problemas si los analizamos según su género. Aun siendo el claro villano de Thor (Kenneth Branagh, 2011) y The Avengers (Joss Whedon, 2012), y tener un final dudoso en Thor: The Dark World (Alan Taylor, 2013), Loki ha sido perfectamente asimilado en la narrativa como un aliado y es reconocido explícitamente como parte de la familia de Odín en Thor: Ragnarok. A pesar de haber sido encarcelado tras su papel en la Batalla de Nueva York, la propia Frigga visitaba por medio de proyecciones astrales a su hijo adoptivo, preocupada y maternal, y Thor deja que luche a su lado siempre que surge la oportunidad. A partir de ahí, el hermano travieso del Dios del Trueno y su talante traicionero son utilizados a modo de chiste recurrente porque ya estamos preparados para aceptar que puede estar en el bando de los buenos aunque sea de vez en cuando. Nunca fue erradicado, tampoco fue olvidado.

Hela es mala, perversa y prácticamente indestructible

Hela, sin embargo, nunca es objeto de reconocimiento tras la destrucción de su identidad como parte del legado oscuro de Asgard, a excepción de la aceptación del parentesco por parte de sus hermanos. Asimismo, tampoco tiene seguidores como otros villanos, véase Cráneo Rojo en Captain America: The First Avenger (Joe Johnston, 2011), Malekith en Thor: The Dark Worldo Kaecilius en Doctor Strange, sino que está completamente sola y aislada; sus únicos aliados son los guerreros caídos en batalla por Asgard a los que ella insufla vida por medio de la Llama Eterna, es decir, presencias de ese pasado que fue erradicado junto con ella.

Por tanto, las diferencias en el tratamiento de unas figuras que esencialmente habrían llevado a cabo acciones parecidas suscitan preguntas por si pudieran tener alguna relación con el género de los personajes. ¿Le habrían hecho lo mismo al personaje masculino? Si los observamos a ambos, queda claro que no. Evidentemente, ahora que sabemos de la existencia de Hela, Loki nunca tuvo unas motivaciones tan legítimas como las que parece plantear ella, lo suyo fue más una rabieta arrogante que se le fue de las manos por creerse con derecho a exigir lo que consideraba que le pertenecía. El retrato del tipo de masculinidad concreto que éste representa termina siendo asimilado más fácilmente que el planteamiento de una nihilista que quiere destruirlo todo a su paso mientras revela verdades incómodas con las que hackear el discurso hegemónico.

Hela es mala, perversa y prácticamente indestructible; acabar con ella significa dejar que arda el mismo Asgard que ella está intentando que caiga. Esto la convierte en un verdadero enemigo a batir a cualquier precio y una villana con todas las de la ley, algo que no siempre se ha sustentado de manera coherente al respecto de los demás personajes antagonistas de Marvel Studios, que en ocasiones parecía que estaban condenados a ser eliminados a la primera de cambio por los héroes.

Por eso es una pena que termine corriendo la misma suerte que la mayor parte de estos villanos, limitados y subdesarrollados como personajes porque el tiempo de aparición de los héroes debe triplicar al suyo. De esta manera, Marvel Studios parece no darse cuenta por completo de lo que tiene entre manos con el personaje y, como suele ser habitual, Hela se dedica principalmente a masacrarlo todo a su paso. Tampoco ayuda demasiado que su subtrama esté excesivamente desconectada del tono y la narración del resto de la película, lo que supone que no hay mucho lugar para exponer los recovecos de un personaje que, cada vez que aparece, se come la pantalla. Sus cimientos son brillantes y habrían dado para una exploración muy interesante de una feminidad contenida por el patriarca, borrada de la historia en lo que a todas luces no solo es un castigo sino la reapropiación de la narrativa por parte de Odín, algo que ha sucedido a las mujeres a lo largo de los siglos dentro y fuera del mundo de la ficción.

A día de hoy tampoco podemos saber si Hela marcará un antes y un después dentro de la franquicia y dará paso a nuevas villanas, quizá más complejas o en cuyas tramas su identidad de género juegue un papel importante y desarrollado, o si terminará siendo un caso aislado. No obstante, sienta las bases para explorar de manera mucho más determinada el antagonismo desde un prisma que hasta ahora no habíamos podido ver y que, sin duda, puede contribuir a la necesaria remodelación de Marvel Studios.

Por Rebeca Gracia Lara, investigadora y comunicadora audiovisual especializada en la representación de género en la ficción audiovisual y la cultura popular.
Fuente: Pikara

¿Adónde iremos a parar?

La biblioteca parisina Marguerite Durand, única en Francia exclusivamente dedicada a la historia de la mujer y del feminismo, corre riesgo de desaparecer, amén de una decisión del ayuntamiento de mudarla a premisas menos que ideales. Lo cual ha despertado una ola de resistencia de especialistas que rechazan enérgicamente la invisibilización de un material fundacional.


“Es una verdadera joyita”, coindicen voces especializadas al hablar de la Bibliothèque Marguerite Durand (BMD): única biblioteca pública en Francia exclusivamente dedicada a la historia del feminismo y los estudios de género, con reputación internacional y glorioso material en su haber. Su envidiable colección incluye un sinfín de tesoritos; por caso, cartas y manuscritos de George Sand, Louise Michel, Colette, Sarah Bernhardt, Alexandra David-Neel. Ediciones originales de textos pioneros de Olympe de Gouges (autora de la indispensable Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, de 1791), de la pensadora Flora Tristán (1803-1844). O bien, Observaciones diversas sobre la esterilidad, la pérdida del fruto, fecundidad, parto, enfermedades de la mujer y del recién nacido, tratado obstetra de 1609 escrito por la partera real Louise Bourgeois, que trajo al mundo a lxs hijxs de María de Médici. Aquello, sin dejar de mencionar periódicos históricos que abogaban por la emancipación de la mujer, como La Femme libre o La Voix des femmes, ambos del siglo XIX. O las decenas de miles de títulos y panfletos activistas; la exhaustiva información sobre científicas, artistas, viajeras, deportistas; los retratos, las estampillas, el arte sufragista; entre otras abarcativas bondades que completan su incitante archivo. 

Archivo que una inminente mudanza podría poner en jaque, como han alertado archivistas, periodistas, militantes feministas, académicos, estudiantes… Incluso la reconocida historiadora Michelle Perrot y el político socialista Christophe Girard, antaño encargado de Cultura de la alcaldía de París, han puesto el grito en el cielo, solicitando que la alcaldesa parisiense Anne Hidalgo -primera mujer en detentar ese cargo, dicho sea de paso- reconsidere la decisión. “Completamente inadecuada para la preservación y comunicación de los archivos de la historia del feminismo”, a decir de lxs activistas galos que no solo se oponen fervorosamente a la medida: han comenzado la campaña Sauvons la BMD, que ya ha juntado más de 10 mil firmas y organizado exitosas manifestaciones en la calle, para que el ayuntamiento de París renuncie a un proyecto que “volvería a la institución invisible y la haría desaparecer”. 

He aquí la cuestión: comparte la mentada biblioteca edificio con la mediateca Jean-Pierre Melville desde 1989 en el distrito VIII; sin embargo, quieren las autoridades locales ceder todas las instalaciones a la mediateca, amén de que pueda tener una sala de relajación, también una cafetería. “Prioridades” por las que darán a la BMD una nueva locación. ¿Un lugar nuevo, más amplio, con más espacio para su archivo, sus exposiciones, conferencias, debates, talleres, visto y considerando que ya ha tenido que rechazar donaciones porque el edificio actual le ha quedado chico? Pues… no. Pretende la intendencia alojar a la Marguerite Durand en la Biblioteca Histórica de la Ciudad de París, en el IV distrito, alegando que “otorgará una mejor visibilidad, dado el carácter prestigioso del edificio y su centralidad en la ciudad”. Sin embargo, acorde a tantísimos calificados, la Biblioteca Histórica ya no tiene espacio para sus propias colecciones, menos que menos para albergar el histórico material de la BMD. Ergo: nadie sabe adónde irá a parar. Lo más factible, advierten, es que acabe en un depósito, inaccesible para quienes deseen consultar su ejemplar material. Para colmo, ni sala propia de lectura tendrá; y quién sabe qué sucederá con su personal especializado… 

Vale decir, por cierto, que la historia de la propia biblioteca –y la persona que le dio su primer empujón– no es menos ejemplar: creada en la década del 30, surge gracias a la generosa donación de numerosísimos libros y documentos de Marguerite Durand, singular personaje de la Belle Époque. Actriz devenida periodista que escribió para Le Figaro, fundó MD en 1897 el periódico Le Fronde, de tirada diaria, íntegramente escrito, dirigido, administrado y editado por mujeres, sumando notables plumas que –además de cubrir los más diversos temas de política e interés general– advocaba por los derechos igualitarios de la mujer. Como dato colorido: tenía Durand por mascota una leona que solía acompañarla en sus paseos por las calles de París; y fundó en vida un cementerio de animales. Prominente figura del periodismo y feminismo galo, su gran legado es -precisamente- el archivo que hoy está en riesgo. “Es muy grave porque es nuestra herencia, hay muy pocos lugares de memoria e investigación relacionados con el feminismo”, subrayan desde la Association des Archives Féministes, una de las organizaciones de la campaña en defensa de la BMD. Y explican que, en una ciudad en la que la propia alcaldesa se declara abiertamente feminista, “esta decisión va contra la imagen y las ambiciones de París, que barrerá con el único lugar autónomo donde puedan estudiarse historia de la mujer y cuestiones de género”. Apuntan, además, contra cierto argumento de las autoridades, que citan la baja asistencia de lectores e investigadores a la BMD, acaso vilipendiando su importancia vital: “Por definición, hay menos lectores en todas las bibliotecas, desde la existencia de internet y la creciente digitalización de archivos. La caída de lectores no es un criterio; es una realidad general que no afecta exclusivamente a la Durand. Decir eso habla de la mala fe del área de Cultura de la ciudad”.

Fuente: Página/12

diciembre 09, 2017

¿Cómo me trabajo el amor romántico?


Mucha gente me pregunta cómo me aplico yo toda mi teoría, cómo me lo trabajo para sufrir menos y disfrutar más del amor, qué herramientas utilizo, y cómo trabamos el tema en el grupo de estudio y acompañamiento que hemos formado en el Laboratorio del Amor. Así que quiero compartir mi metodología con todas vosotras porque quizás os sea útil y os ayude a trabajaros lo vuestro, a solas, con amigas o en colectivas de mujeres. 

Se resume todo en seis puntos: 

1)Analizamos el mundo en el que vivimos, la ideología patriarcal y capitalista que subyace a toda nuestra cultura amorosa para poder desmontar los mitos del amor romántico, y el modelo de amor patriarcal que nos inoculan en vena desde nuestra más tierna infancia. Analizamos el amor en su dimensión política, económica, social, religiosa, cultural, sexual y emocional para desmitificarlo y para despatriarcalizarlo.

2) Identificamos cómo cada una de nosotras ha interiorizado esos mitos, esos roles, esos estereotipos, y esos mandatos de género. Cómo determinan nuestras emociones, nuestros discursos, nuestro comportamiento. Cómo determinan nuestra forma de ser y de relacionarnos con la pareja y con los demás. Identificamos también cómo nos resistimos y cómo nos rebelamos ante los mandatos patriarcales desde pequeñas hasta la actualidad, y diseñamos estrategias para liberar nuestras emociones del patriarcado. 

3) Trabajamos mucho la autoestima: ¿cómo hemos interiorizado la guerra contra las mujeres y cómo la aplicamos contra nosotras mismas?, ¿cómo nos cuidamos y cómo cuidamos a los demás?, ¿cómo nos tratamos a nosotras mismas?, ¿cómo nos comunicamos con nosotras mismas?. ¿Cómo hemos aprendido a querernos o a odiarnos?, ¿cómo vamos a desaprenderlo y cómo vamos a aprender a querernos bien a nosotras mismas?, ¿cómo vamos a evitar el auto-boicot y el auto-engaño?, ¿cómo vamos a aprender a aceptar la realidad y aprender a aceptarnos a nosotras mismas tal y como somos?

4) Utilizamos la autocrítica amorosa para conocernos mejor, para construir una relación bonita con nosotras mismas, para construir relaciones bonitas con los demás, para identificar todo aquello que no nos gusta de nosotras mismas, para mejorar todo aquello que se puede mejorar, para cambiar todo lo que no nos hace felices o nos hace daño, para aprender a responsabilizarnos de nuestro bienestar, de nuestra salud y nuestra felicidad. Para aprender a amar como adultas, para poder construir la mejor versión de nosotras mismas, para ser mejores personas, para ser más felices y hacer más felices a los demás. 

5) Analizamos, desde la autocrítica amorosa, las relaciones de poder: ¿cómo trabajarnos el Ego para que no trate de imponerse a otros Egos?, ¿cómo nos esclaviza nuestro propio Ego?, ¿cómo ejercemos el poder, cómo nos afectan y determinan los poderes de los demás?, ¿qué hacemos con nuestro poder cuando nos enamoramos?, ¿cómo dominamos la realidad y a los demás, cómo nos dominan los demás a nosotras?, ¿hemos elegido la vía de la sumisión o de la dominación para manipular nuestro entorno?, ¿cómo hacer para eliminar las jerarquías y aprender a relacionarnos horizontalmente con los demás?

6) Camino a la transformación: construimos herramientas para llevar la teoría a la práctica, individual y colectivamente. Compartimos vivencias y reflexiones con las demás, mezclando lo personal con lo político, para crear una ética colectiva en torno al amor y a las relaciones sexoafectivas. Establecemos estrategias para sufrir menos, y disfrutar más del amor, y para liberarnos del patriarcado juntas. Diseñamos nuevas utopías y reinventamos el amor, elaboramos pactos con nosotras mismas para el trabajo personal que estamos haciendo, nos empoderamos en buenas compañías, ayudamos a las compañeras cuando piden consejo o cuando necesitan cariño en momentos difíciles, practicar la sororidad con mucho amor del bueno. Asumimos lo político de nuestro trabajo: nos estamos liberando para vivir mejor, para estar mejor, para relacionarnos mejor, y para transformar el mundo en el que vivimos.

Lo Romántico es político, y otras formas de quererse y de organizarse son posibles: el cambio es imparable, y el trabajo es colectivo, nosotras estamos apostándole a la transformación y a la revolución de los afectos, ¿te apuntas?
Por Coral Herrera Gómez

Claves para desmitificar el amor romántico,las princesas y los príncipes azules


En los cuentos que nos cuentan desde nuestra más tierna infancia, a los varones les enseñan tres cosas sobre el amor:

  • Hay cosas más importantes en la vida que el amor romántico.
  • Hay una mujer destinada a ti.
  • El amor es inagotable e incondicional (como el amor de mamá).

A las mujeres nos enseñan otras tres cosas:
No hay nada en la vida más importante que el amor romántico.

Hay un hombre destinado a ti.
Las mujeres nacen con un don para amar inagotable e incondicionalmente (por eso su objetivo en la vida es ser esposa y mamá).

En los cuentos que nos cuentan, a unos les lanzan un mensaje, y a las otras nos lanzan otro. Para los hombres, el mensaje principal es que el amor es eso que sucede al final de la aventura, después de haber pasado por mil situaciones diferentes, después de que el héroe ha demostrado su fuerza, su valentía, su capacidad para ganar y someter a los enemigos que le van saliendo en el camino, y a los monstruos internos que a veces le paralizan de miedo. Si logra vencerlos, será digno del amor de la Princesa Que Espera, y si fracasa, se quedará solo.

El príncipe azul sabe que vencerá porque siempre se siente querido. Las dudas de amor son para las princesas con mucho tiempo libre que gustan de atormentarse. Ellos prefieren sentirse queridos, útiles, importantes y necesarios para su país o para su comunidad. Los príncipes se saben deseados por las mujeres, respetados por sus enemigos, admirados por sus amigos, venerado por sus súbditos, y mitificados por una bella muchacha que sufre lo indecible (o que se aburre infinitamente) mientras espera la llegada de su Salvador.

Otro de los mensajes que suelen lanzarnos desde las producciones culturales es que el príncipe azul lleva consigo el amor incondicional de su madre grabado en el corazón, por eso sólo podrá ofrecerle el trono del reino a una mujer que le ame como su madre: de un modo total, sin peros, sin condiciones. Así que nosotras tenemos que sustituir a su madre y convertirnos también en madres de sus hijos e hijas, y ellos, ya saben que las madres aguantan de todo y que por muy mal que te portes, nunca dejarán de quererte. 

El mensaje que nos lanzan a las mujeres es que si somos elegidas, tenemos que sentirnos inmensamente afortunadas, porque somos el grandioso premio a su heroicidad, el símbolo del triunfo masculino, el descanso del guerrero, y el botín de guerra que les pertenece por haber salvado al mundo (de las hordas de orcos, de los comunistas rusos, de los terroristas islámicos, de los alienígenas, de los indios norteamericanos, de los mafiosos italianos, de los robots inteligentes y malvados).

Las princesas, nos cuentan, tienen que ser muy pacientes, porque en casi todas las historias el amado siempre tiene mucho trabajo. Y es que por encima del amor está la misión del héroe, que es mucho más grandiosa que la princesa y que él mismo. El héroe primero sirve a la patria, y después obtendrá su recompensa por su trabajo, pero tiene que ganársela: el protagonista de los cuentos de hadas y de las películas de acción ha de demostrar que es un hombre con pleno control sobre sus emociones y mucha “sangre fría” para actuar. Tiene que olvidarse de su tierno corazoncito para matar, aniquilar y destruir al enemigo. Tiene que demostrar que es duro como una piedra, que ejecuta órdenes con la fidelidad de un robot, que es capaz de aguantar el cansancio, el hambre, el dolor de las heridas, el sueño acumulado y todo lo que le echen encima. El premio a sus sacrificios es la princesa que espera en su castillo, les dicen a los niños.

A las niñas les lanzan este mensaje: para la princesa el amor sí es lo más importante, porque la liberará de su encierro o su desgracia. Ella ama el amor porque cree que su vida mejorará, y porque no le han enseñado a pensar en otra cosa que en casarse y cumplir lo que se espera de ella: ser una mujer eternamente agradecida y entregada a su Salvador con absoluta devoción.

Los príncipes han de esforzarse mucho para obtener su recompensa, las princesas sólo tienen que aguantar, esperar, y ser pacientes para que nos amen para siempre. Y esperar solas, claro, sin rivales alrededor.

No es casualidad que las princesas siempre estén solas y desprotegidas, a merced de las circunstancias, y soñando con que alguien se encargue de ella. Nunca tiene un plan propio para escapar del encierro, ni redes de solidaridad y afecto que le ayuden. Las princesas en general son vulnerables, frágiles, sensibles, dulces, heterosexuales, de piel blanca y cabellos rubios. Se aburren mucho, suspiran mucho, y piensan en su príncipe azul a todas horas, creyendo que junto a él encontrarán la felicidad eterna y nunca más estarán solas.

A los chicos les encanta pensar que existe una princesa que lo ama porque sí y sólo piensa en él. Pero además, hay otras mujeres que les desean mucho, como es natural en un macho alfa. El mensaje que les lanzan a ellos es que han de ser fuertes para evitar las tentaciones. En el camino hacia el amor, el héroe se verá seducido por maléficas figuras femeninas que lo atraen hacia el lado oscuro, pero él nunca dejará de pensar en su princesa que espera pacientemente en el castillo a ser rescatada.

El mensaje patriarcal de los cuentos para niños, adolescentes y hombres adultos es que estas maléficas mujeres son libres, potentes, atractivas, y peligrosas, así que sólo has de acercarte a ellas para satisfacer tus necesidades básicas y divertirte un rato antes de encontrarte con tu legítima amada. Sabes que serás perdonado porque son meras necesidades sexuales que “nada tienen que ver” con el sublime romanticismo que le lleva a la Princesa Que Espera.

Al final de la aventura, el hombre puede por fin rendirse ante el amor: es cuando el héroe abre su corazón gracias a la ternura de la amada. Ya ha demostrado lo fuerte y valiente que es, ya ha ganado todas las copas y trofeos, ya ha llegado el momento de asentar la cabeza y formar una familia para asegurar la perpetuación de su estirpe. En los cuentos que nos cuentan, los finales son siempre felices: el héroe rescata a la princesa, se casan y viven para siempre comiendo perdices. Él la protegerá, ella lo cuidará para siempre, ambos vivirán encerrados en su palacio de cristal.

Sin embargo, la Realidad es siempre diferente a la ficción romántica: como cualquier pareja, los enamorados se arrugan y engordan, pierden belleza y alegría, se pelean, se aburren, se hastían, se traicionan, se reconcilian, y nada es tan bonito como nos habían contado. Las princesas y los príncipes no son tan perfectos, por lo que sus historias de amor tampoco lo son.

Descubrirlo personalmente nos decepciona y nos frustra, porque nos sentimos engañados, o porque pensamos que tenemos mala suerte en el amor. Para poder sufrir menos y disfrutar más, tenemos que aprender a despatriarcalizar y a desmitificar el amor romántico, inventarnos otros cuentos con otros mensajes, y construir otras formas de querernos.

He aquí algunas claves para desmitificar el romanticismo patriarcal y para aprender a relacionarse amorosamente con personas de carne y hueso:

Para ellos:

  • Buenas noticias: no hace falta que salves a la Humanidad, ni que seas un héroe, ni que demuestres que eres fuerte, violento, agresivo o dominante para que te amen. Ya no estás obligado a responsabilizarte de todo, y no hace falta que seas el ganador y el vencedor absoluto en todas las áreas de tu vida. No tienes por qué sentirte culpable si no das la talla o no cumples con las expectativas sobre tu virilidad. Basta con que seas una buena persona capaz de construir una relación bonita.
  • El amor es para disfrutar, no para sufrir. El amor es para hacernos la vida más fácil y bonita los unos a los otros, no es un medio para negociar y conseguir otras cosas, ni es un sacrificio que hay que hacer para tener asegurado el cuido y el placer (olvídate de la esposa-criada complaciente que atienda todas tus necesidades como mamá, para más información, el siguiente punto).
  • Definitivamente, la princesa rosa ya no existe. Las mujeres ya no esperan toda la vida ni te aman incondicionalmente: si no te portas bien, si no hay buen trato, si no alimentas la relación, si pactas fidelidad y no cumples, te dejan. La mujer a la que amas no está sentada esperando a que llegues, no está siempre disponible para ti, ni es tuya, ni su amor es para siempre. Es una mujer libre que está contigo porque quiere estar contigo, sencillamente, en el presente que compartís.
  • No mitifiques a una sola mujer y desprecies a todas las demás. No existen las mujeres buenas y las mujeres malas, por lo que no hace falta que montes jerarquías afectivas que sitúen a una sola mujer en la cúspide del éxito, y a todas las demás las minusvalores. Las mujeres no son “santas” o “putas”, son seres imperfectos y complejos como tú, con sus virtudes y sus defectos, sus errores y sus aciertos. Igual que tú nunca podrás ser tan maravilloso como el príncipe azul, ellas tampoco podrán cumplir con las expectativas del mito de la princesa. Las mujeres libres con autonomía no son peligrosas. No hace falta dominarlas para poder amarlas. No tengas miedo a relacionarte con una mujer de carne y hueso sin la coraza: no muerden.
  • El amor no supone rendirse, no es un virus que te posee y te roba la voluntad, no es el fin de tu juventud, no te convierte en prisionero de nadie, no te convierte en propietario, ni en dominador o dominado. El amor no te roba la autonomía, no es el fin de tu libertad, no te convierte en un “calzonazos”, no te rebaja la virilidad. Así pues, eres libre para relacionarte desinteresadamente con las mujeres o los hombres a los que amas, y para dejarte seducir por la magia del compañerismo romántico que nos sitúa a todos en el mismo plano horizontal. Practicar el amor sin las antiguas estructuras de dominación y sumisión, te liberará de la necesidad de ser superior o de luchar por el poder, con lo cual podrás disfrutar más del amor.
  • Aprende a compartir protagonismos: antes los personajes femeninos de las historias de amor ejercían un papel pasivo, ahora van en su propio caballo, matan a sus propios dragones, toman decisiones, resuelven enigmas, se emparejan y se separan, eligen a sus compañeros, se equivocan, rectifican, y reivindican su derecho a moverse con libertad, y a ser protagonistas de sus propios relatos. Las mujeres son tus compañeras, y los hombres son tus compañeros, y se trabaja siempre mejor en equipo que en solitario. Di no a la soledad, que te hace más dependiente y más vulnerable, y júntate a la gente para dar y recibir amor, para vivir aventuras, para celebrar la vida.
  • El amor no culmina con un final feliz, se construye día a día. No existe la fuente de amor inagotable, no dura para siempre, y no es gratis: para ser amado hay que amar, para recibir hay que dar, para que te traten bien tienes que tratar bien. El amor puedes disfrutarlo en cualquier momento de tu vida si tienes las herramientas y los conocimientos necesarios para construir una relación bonita. No es una meta a la que llegar, es un proceso que se vive en el presente inmediato y se nutre con nuestra creatividad, nuestra generosidad, nuestra capacidad de empatía y de disfrute.
  • Libérate de las cargas del príncipe azul. Por mucho que lo intentes, nunca podrás estar a la altura de los mitos de la masculinidad hegemónica, ni cumplir con todas las expectativas que se despiertan en torno a la figura del héroe con superpoderes mágicos. Ningún hombre es tan guapo, bondadoso, rico, valiente, potente sexualmente, sensible, honrado, luchador, generoso, sabio, culto, divertido, ni tan perfecto como los vemos en las películas (excepto Brad Pitt, y seguro que algún defecto tiene el hombre). Con la edad irás engordando, perdiendo fuerzas y reflejos, tendrás achaques, puede que te quedes calvo, que se arruine tu negocio, que dejes de tener éxito en la vida, que te abandone la buena suerte. Sabiendo que nunca podrás ser tan maravilloso como un príncipe azul, estás liberado de la carga que supone estar siempre demostrando que eres muy hombre, o que eres el mejor: así puedes dedicar tu tiempo y energía a otras cosas más provechosas, como por ejemplo practicar la autocrítica amorosa para conocerte mejor, o trabajarte los miedos que te impiden disfrutar del amor.
  • Los miedos no desaparecen mágicamente, hay que trabajarlos constantemente: en los cuentos los miedos se superan con pócimas, con talismanes, con conjuros o hechizos, con tótems o con magia. Muchos de ellos los has heredado de tu cultura patriarcal: el miedo a no dar la talla en la cama, el miedo a enamorarse ciega e irracionalmente, el miedo a quedarse solo, el miedo a salir de los armarios, el miedo a la infidelidad o la deslealtad de la persona amada, el miedo al “qué dirán”, el miedo al rechazo o a no ser correspondido, el miedo al compromiso, el miedo a que te dominen o te manipulen, el miedo a que se cuestione tu virilidad o tu heterosexualidad, el miedo a perder tu autonomía y tu libertad, el miedo a que te hagan daño, el miedo a fracasar, el miedo que nos da saber que no somos imprescindibles para nadie… hay que liberarse de los miedos, entonces, para poder relacionarse con la gente con libertad, con generosidad, con ternura.

Para ellas:

  • No te esfuerces en cumplir el mito de la princesa rosa: nunca serás tan buena, guapa, joven, sana, dulce, paciente, obediente, conformista y pasiva como esta heroína tradicional, por mucho empeño que le pongas. Además, los palacios son lugares enormes, solitarios, fríos, aburridos, y resulta muy difícil escapar de ellos cuando estás dentro. Dedica tus energías a construir tu propio personaje, y a ser la mujer que te dé la gana de ser.
  • No te esfuerces en buscar al príncipe azul, no existe el hombre ni la mujer perfecta. Somos más felices cuando querremos a la gente tal y como es, sin mitificarla, sin endiosarla, sin rebajarla.
  • El amor no es la solución a todos tus problemas. Si te pasa como a las princesas de los cuentos, que están hartas de la explotación laboral a la que están sometidas, o sencillamente te aburres y tienes ganas de transformar su vida, no esperes a la llegada del Salvador que te rescate de tu situación. Ponte manos a la obra para generar cambios que mejoren tu vida sin depositar esa responsabilidad en nadie más que en ti.
  • Esperar es inútil: en estos tiempos en los que las horas y los meses pasan volando, ya no podemos pararnos a esperar a nadie. Esperar es un acto pasivo que deja en manos de los demás nuestra propia felicidad. No sabemos si nos queda una semana o diez años de vida, así que mejor disfrutar del presente, que es el único tesoro que tenemos.
  • El amor no es sacrificio, renuncia, ni rendición: no tienes por qué olvidarte de ti misma ni de tus necesidades sólo porque tengas pareja. No tienes por qué entregarte en cuerpo y alma si la otra persona no se entrega. No tienes por qué aguantar todo lo que te echen encima “por amor”. Amar no es sufrir: es disfrutar.
  • Hay muchas fuentes de afecto, de placer y felicidad en nuestras vidas, por eso el amor romántico no puede ser tu único objetivo: estas rodeada de gente estupenda que te quiere, y hay mucha más gente estupenda a la que conocer. El romanticismo en pareja es una experiencia hermosa, pero también hay mucho que aprender, que vivir, que experimentar con los demás. El amor es importante en la medida en que no se limite a una sola persona, y en la medida en que nos permita crecer y evolucionar, y repartir amor a la gente que nos rodea.
  • Trabaja tu autonomía económica y tu independencia personal para poder construir relaciones desde la libertad, y no desde la necesidad o el interés. Déjate seducir por la magia del compañerismo romántico, y quiérete mucho, para poder dar amor a los demás. Practica la autocrítica amorosa para conocerte mejor y trabajarte lo que pueda hacerte mejorar. El amor es un arte, y cuantas más herramientas tengas para relacionarte con los demás, más podrás disfrutarlo.
  • Libérate de tus miedos, sal de tus armarios, y no te sientas culpable si te enamoras, o si te desenamoras. Las mujeres no nacemos con un don para amar eterna e incondicionalmente, y tenemos derecho a juntarnos o separarnos de nuestras parejas cuando lo deseemos. Y siempre estamos mejor acompañadas por otras, que solas.
  • Di no a la soledad: las protagonistas de las historias siempre están solas: no descuides tus redes sociales y afectivas, porque son tu mayor tesoro. Solas somos vulnerables y dependientes, rodeadas de gente a la que queremos somos más libres y tenemos más posibilidades de vivir el amor sin reducir todo a una sola persona. Expande y diversifica tu amor.
  • Disfruta de tu papel protagonista en la historia de tu vida: tú eres la narradora, la guionista, la directora, y la actriz principal. Tú elijes a la gente con la que quieres compartir, tú tomas las decisiones, y tú confías en ti misma a la hora de construir tu historia. Tú eres la que inventas, la que te equivocas, la que rectificas. Trata con mimo a tu propio personaje y a los que te acompañan, os merecéis el mejor trato del mundo.


Por Coral Herrera Gómez