febrero 20, 2018

"El caso de Oxfam no es un problema de manzanas podridas ni solo de las ONG: es de la sociedad machista"

Hablamos con expertas en género del caso de Oxfam y los últimos casos de acoso y abuso revelados por algunas organizaciones

"Estos casos muestran que algunos trabajadores van con su mochila identitaria, que, como nuestra sociedad, es machista y racista"

Todas coinciden en la necesidad de que las ONG garanticen que los delitos "no queden impunes" e incorporen de forma interna mecanismos para garantizar la igualdad de género

Mujeres esperan por comida y agua en Warder, un distrito situado en la región somalí de Etiopía. Imagen de enero de 2017. AP / MULUGETA AYENE

Altos cargos y trabajadores de Oxfam pagaron por servicios sexuales a supervivientes del terremoto de Haití. Grupos de empresarios acudieron a fiestas donde pagan por servicios sexuales a una supuesta red de prostitución de menores tuteladas en las islas Canarias. Una cooperante describe los tocamientos de un compañero en plena misión humanitaria. Una mujer empieza a trabajar en una empresa de Madrid y su compañero no deja de insinuarse en el ambiente laboral, a pesar de sus negativas. 

Todos estos casos y sus diferentes representaciones de abuso y acoso sexuales se asientan, sostienen expertas en género consultadas, en una sociedad cimentada sobre una sociedad "machista" de la que pocos espacios se escapan. En el seno de las ONG, tampoco. "Una vez más se pone de manifiesto que vivimos en una estructura patriarcal y las organizaciones están formadas por personas", dice Ana Fernández, vocal de género de la Coordinadora de ONGD.

"Tenemos que luchar aquí y allí para abandonar este sistema que lo único que trae es privilegios para los hombres y violaciones de derechos sistemáticas para las mujeres y las niñas", añade la experta. 

"No es un problema de manzanas podridas, ni solo de las ONG: es de la sociedad, que es machista", coincide Itzíar Ruiz-Giménez, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma. Expertas consultadas destacan que las misiones de acción humanitaria suelen estar, además, muy copadas por hombres, lo que también explica, a su juicio, que en casos como el perpetrado por altos cargos de Oxfam, algunos "desplieguen" su poder sobre poblaciones azotadas por catástrofes naturales, los conflictos o la pobreza.

Pero su responsabilidad, sostienen, es aún mayor. "La violación, el abuso sexual o la prostitución forzosa son delitos y los perpetradores de los mismos delincuentes y si estos pertenecen a una ONG, son doblemente culpables, pues en la comisión de sus crímenes están traicionando los principios rectores de las entidades para las cuales trabajan", opina Mila Ramos, directora de la ONG Mujeres en Zona de Conflicto, en un post personal remitido a este diario.
El riesgo de abuso de poder en las misiones 

Quienes han trabajado años en el terreno sostienen que los casos de abuso y acoso que están siendo revelados en los últimos días "no les sorprenden". Marina (nombre ficticio porque prefiere mantener el anonimato) explica que "el terreno se presta mucho a situaciones de acoso para aquellas personas que no trabajan en el tercer sector por convicción". Algunos de estos hombres, que aclara que son una minoría, se aprovechan de "estar fuera de la vigilancia constante de la organización y encontrarse fuera de su realidad".

En determinados contextos, señalan varias trabajadoras humanitarias feministas consultadas, han sido testigos de casos de relaciones de abusos de poder. "El típico trabajador de una ONG u organismo humanitario que mantiene relaciones con una mujer que vive en una clara situación de vulnerabilidad, con una diferencia de poder adquisitivo descomunal", apunta Laura (nombre ficticio), que trabajó como directiva de proyectos durante años en África y América Latina. "Son esos casos en los que existe una línea muy fina entre pagar por sexo y el ligoteo entre personas con una enorme diferencia de poder adquisitivo". 

Despues de las primeras evacuaciones de emergencia, las ONG están centradas en la atención a los supervivientes y les preocupa la insalubridad, por el riesgo a la propagación de enfermedades. | Intermón Oxfam (David Illera).

"Cuando estas personas van a los países se generan relaciones desiguales: ellos, a nivel muy micro, tienen una situación de poder, por recursos económicos y su aparataje intelectual, y se encuentran un escenario de desigualdad económica y social respecto a las mujeres del sur", explica Ruiz-Giménez. "Estos casos muestran que algunos trabajadores van con su mochila identitaria, que, como nuestra sociedad, es machista y racista", añade.

Tras sus años de trabajo en el terreno, en los que sufrió episodios de acoso por parte de compañeros y población local, Laura hace un análisis similar: "He visto que en estos contextos las relaciones de poder son más evidentes por el hecho ser blancos y blancas. Si además eres hombre, o lo tienes muy trabajado, o inevitablemente vas a reflejar una relaciones de poder muy desiguales o hegemónicas", apunta.

La fallida respuesta de Oxfam

Todas coinciden en que la respuesta llevada a cabo por Oxfam tras el conocimiento de los abusos acumula alguno de los errores más habituales. Las expertas consultadas destacan la necesidad de garantizar que las víctimas puedan acceder a la justicia y que los delitos "no queden impunes". Este fue, sostienen, uno de los fallos que cometió Oxfam.

"La respuesta no puede ser la de siempre: despedir a estos señores", insiste la profesora Ruiz-Giménez. "Es necesario que sean enjuiciados y que paguen por los crímenes cometidos, y es necesario que se repare a las supervivientes de estos delitos. Que esto no se quede en un escándalo sexual más", dice Ramos.

"No estamos hablando de deslealtades a la empresa: es un delito. Debe haber una consecuencia penal, no laboral", opina Violeta Assiego, abogada experta en derechos humanos. De esta forma, también se evitaría, asegura, que los exempleados pudieran pasar a trabajar a otras ONG. "Falta información sobre cómo se ha abordado este tema con las víctimas, si se les ha reconocido como tal, por ejemplo, económicamente, o si se les ha dado atención social y psicológica", añade.

Para luchar contra la desigualdad de género fuera, también es necesario, recalcan, que las ONG incorporen internamente medidas encaminadas a acabar con la desigualdad dentro, las mismas que el movimiento feminista llevan años reclamando y en las que el sector ya trabaja: planes de igualdad para romper el techo de cristal, políticas de conciliación o mecanismos más reforzados de control de estos casos y contra la discriminación racial.

"Llevamos bastante tiempo insistiendo y se están tomando medidas", resume Fernández, de la Coordinadora de ONGD. "La mayoría de las ONG están implantando una política de género. Por ejemplo, se hace hincapié en que el perfil de los trabajadores que contratan a otros empleados en las ONG deben estar formados en género. Esto asegura, por ejemplo, que a la hora de las entrevistas hagan preguntas necesarias para tratar de evitar estos casos", sostiene. Otra de las líneas debe ser, a su juicio, dar más apoyo a las organizaciones feministas locales de los países en los que las ONG trabajan.

Una comisión feminista para controlar

En esta línea, Oxfam se ha comprometido a "mejorar" a través de una comisión de expertas feministas independientes. El objetivo: "Garantizar que ninguna persona es víctima del sexismo, la discriminación o el abuso, que todas las personas, y especialmente las mujeres, se sientan libres de denunciar malas conductas, y que todos los miembros de su personal tengan claro qué comportamientos son aceptables y cuáles no".

El grupo de especialistas, según ha anunciado la ONG tras el escándalo, "tendrá acceso a todos los registros de Oxfam y podrá entrevistar a los miembros de su personal, sus organizaciones socias y las comunidades a las que presta apoyo en todo el mundo".  La solución para la organización británica, por tanto, pasa por que sean mujeres feministas quienes revisen los cimientos de la organización.

Al ser un problema estructural, todas las expertas consultadas coinciden en que "no se debe criminalizar la labor de todo un sector" por estos episodios. Y destacan que el hecho de que hayan salido a la luz varios casos también representa una oportunidad de "mejorar", dentro de un momento histórico en el que, más que nunca, se está "rompiendo el silencio" sobre el acoso y el abuso sexual que sufren las mujeres de todo el mundo.

Fuente: El Diario.es

Las mujeres en Bangladesh respaldan los esfuerzos para cambiar el curso de la ola de extremismo

“Las “Mujeres Polli Shomaj” [grupo comunitario de mujeres] se reunió para discutir cómo prevenir el extremismo violento en sus propias comunidades. Foto: ONU Mujeres/Snigdha Zaman

Es miércoles por la mañana en Dinajpur, un distrito rural en el norte de Bangladesh. Un grupo de mujeres de distintos estratos sociales, conocidas en la comunidad como las “Mujeres Polli Shomaj” [grupo comunitario de mujeres], se han juntado para una reunión convenida por el nuevo programa “Mujeres empoderadas, comunidades pacíficas”, con el apoyo de ONU Mujeres y BRAC.

Se han reunido para discutir cómo prevenir el extremismo violento en sus propias comunidades. Unir el empoderamiento económico de las mujeres con la prevención del extremismo violento es una nueva idea para muchas. Shoko Isihkawa, Representante de ONU Mujeres en Bangladesh, dice: “Queremos empoderar a las mujeres en la comunidad con el conocimiento y las habilidades necesarios para abordar casos de extremismo violento y detectar las señales de alerta antes de que estos sucedan. También queremos apoyar a las mujeres para que tengan mayor voz en sus comunidades cuando las cosas comienzan a salir mal, y las mujeres empoderadas económicamente tienen mejores posibilidades de reclamar ese espacio.”



Fuente: Onumujeres

febrero 19, 2018

Sin estrados: Montevideo prepara el 8M

En una de las asambleas feministas en Montevideo Uruguay proponen para el Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans marcha y lectura colectiva de la proclama, sin estrados, escenarios ni micrófonos que establezcan jerarquías para esquivar la "organización patriarcal". Azul Cordo reconstruye las discusiones que se están dando en las plenarias. “Si paramos las mujeres, paramos el mundo”, será la consigna.



En las asambleas nuestras palabras se hacen públicas y, en lo público, se vuelven políticas. Hablar y escucharnos, narrarnos, permite resignificar las experiencias de violencia machista que hemos sufrido y pensarnos como sujetas políticas.

Un tronar de tambores se percibe a lo lejos: es alguna comparsa que ensaya en barrio Sur para presentarse en el desfile de Llamadas la próxima semana en Montevideo, Uruguay. A la misma hora, mientras cientos de personas ven caer el sol naranja en la Rambla y presentan ofrendas en playa Ramírez a Iemanjá, la diosa del Mar, otras decenas de mujeres se reúnen en un local céntrico montevideano, convocadas por la Coordinadora de Feminismos para participar de la plenaria y planificar el Paro Internacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans 8 de Marzo.

Sentadas en ronda, sobre el piso, sillas, mesas y una escalera de mármol, iluminadas por la claraboya de esta casa donde funciona el Servicio Ecuménico Solidario (SES), mujeres, lesbianas, trans, se dieron cita este viernes 2 de febrero y acordaron que –como en 2017– la huelga feminista tendrá como consigna: “Si paramos las mujeres, paramos el mundo”.

Durante dos horas y media, integrantes de colectivas feministas, organizaciones sociales, militantes independientes, sindicalistas, estudiantes, debatieron qué características desean que tenga este nuevo paro y la marcha que cierre la jornada, teniendo muy presente que el año pasado la movilización convocó a unas 300.000 personas.

La concentración será el jueves 8 de marzo a las 18 horas en plaza Libertad, punto cero de Montevideo, para luego marchar a lo largo de la avenida 18 de Julio, con cánticos, abrazos, batucadas. “Queremos que las cosas estén pasando a lo largo de la marcha”, dice Flor.

“Vivimos cotidianamente una infinidad de violencias y desigualdades en las diferentes esferas de la vida, por esto nos organizamos y estamos juntas, para hacer que todo ese dolor se vuelva rabia y que la rabia se vuelva lucha”, dice el comunicado de la Coordinadora.

Desde este espacio de encuentro de activistas autónomas y organizadas instan a que “construyamos juntas esta jornada de paro, haciendo eco de la diversidad de posibilidades y realidades que habitamos, reviviendo todas las expresiones que como movimiento feminista y de mujeres venimos desplegando. Buscando aún más formas de resistencia y creación entre todas”.

“Nuestro anhelo es que una vez más las mujeres hagamos de este día una jornada de paro, lucha, resistencia y movilización juntas” y cerrar la actividad con la lectura colectiva de la proclama, sin estrado, escenario ni micrófonos que establezcan jerarquías. “Es nuestra forma de discutir (y no reproducir) la organización patriarcal”, explica Ivana de las Decidoras Desobedientas. La proclama será repartida previamente en miles de volantes por la calle. Su lectura hecha en conjunto, a coro, entre grupitos de mujeres que se encuentran en voces, miradas, hombro a hombro, es una metodología que se ha instalado al finalizar cada Alerta feminista que denuncia en la calle cada vez que en Uruguay se comete un femicidio, crimen que se repitió 30 veces en 2017.

Varias compañeras, como Victoria de Proderechos, remarcaron la necesidad de planificar bien las formas de autocuidado a lo largo de la marcha, para evitar agresiones del tránsito y garantizar que se cumpla el recorrido.

“Esta lucha es desde nosotras, con nosotras, y decidimos en este día, nuestro día, nuevamente parar el mundo. Por un rato dejamos de cuidar a otrxs y nos cuidamos a nosotras mismas”, dice Cecilia en nombre de la Coordinadora. “Sabemos que cuando nos encontramos con otras, con una compañera en la cual mirarnos para potenciarnos, somos más libres y más fuertes”.


Asambleas y plenarias en plural

La organización de cara al paro será descentralizada, a través de las plenarias de la Coordinadora los miércoles en el SES y asambleas convocadas por el Paro Internacional de Mujeres (PIM) Uruguay, realizadas semanalmente en distintas plazas de la capital uruguaya, que pueden multiplicarse en distintos departamentos del país. Las asambleas son abiertas y en espacios públicos para que pueda sumarse cualquier mujer, lesbiana, travesti y trans que esté en la vuelta y garantizar autocuidado para todas.

Las asambleas nos invitan a “habitar nuestros barrios desde otro lugar y democratizar nuestros conocimientos”, dice a LATFEM Hekaterina Delgado, integrante del PIM Uruguay. Además de compartir sentires, denunciar abusos familiares, acosos laborales y otras formas de violencia, se piensan y comparten estrategias de acompañamiento feminista, se propone “abrir nuestras casas”, pensar emprendimientos juntas para solventar nuestras economías domésticas y no depender de ningún hombre, multiplicar “saberes y haceres, lecturas y feminismos”, tejer redes de cuidados, intercambiar recursos.

En las asambleas nuestras palabras se hacen públicas y, en lo público, se vuelven políticas. Hablar y escucharnos, narrarnos, permite resignificar las experiencias de violencia machista que hemos sufrido y pensarnos como sujetas políticas.

Que si se le exige al Estado más y mejores políticas públicas para defender y garantizar los derechos de las corporalidades femeninas, o si nos buscamos nosotras la manera; que si escrachamos o no al macho acosador; que necesitamos educación sexual integral en cada escuela y liceo; que debemos denunciar más las discriminaciones, los actos de lesbo-odio que nos expulsan de nuestras casas, y la impunidad en la que permanecen los travesticidios; que en esta plaza nos faltan las mujeres encerradas en cárceles y manicomios; que queremos luchar por la apostasía y contra la medicalización de los cuerpos feminizados. Estos y otros múltiples puntos se fueron sucediendo al tomar la palabra asamblearia.

A su vez, este lunes 5 de febrero la Intersocial Feminista, conformada por varias organizaciones del movimiento de mujeres, junto a la secretaría de Género de la Central Sindical PIT-CNT, se reúne para sumar propuestas a la movilización del 8M y diseñar estrategias hacia la interna del sindicalismo con el fin de que las compañeras puedan “parar” en sus actividades asalariadas y cuenten con el apoyo de sus sindicatos. La marea violeta vuelve a agitarse.


La central sindical PIT-CNT comunicó a la Intersocial Feminista que el 28 de febrero decidirá si aprueba en conjunto convocar a la marcha del #8M y a un paro parcial de 18.00 a 22.00 horas, aunque cada sindicato “tiene libertad de acción” para resolver otras medidas, explicaron dirigentes sindicales a la prensa.

Desde el Secretariado Ejecutivo de la central se transmitió que “quedó laudado” que la convocatoria es tanto a mujeres como varones. “Para nosotros no es un tema de mujeres/hombres, el PIT-CNT adhiere a las reivindicaciones del programa del 8 de marzo pasado, y no vamos a hacer esa distinción”, dijo el dirigente de la Unión Ferroviaria uruguaya, Ricardo Cajigas, al periódico La Diaria este miércoles 7 de febrero.

Según ese medio: “Cajigas también recordó que la convocatoria del PIT-CNT a una medida sindical significa un respaldo a quienes adhieren, ya que la falta sin justificar puede significar una sanción, pero no si está enmarcada en una resolución sindical por una medida gremial”.

Fotos:MEDIA RED
Fuente: latfem

“El feminismo es el sujeto político más potente": mujeres que ganan luchas


Las trabajadoras de las residencias de Bizkaia celebrando la vistoria sindical. / ELA (web)

* Desde las Kellys hasta las ‘espartanas’ de Coca-Cola en lucha, pasando por las trabajadoras de las residencias de Bizkaia. Ellas lideran las batallas laborales. 
* En los últimos años, el feminismo español goza de buena salud y se muestra fuerte después de años de trabajo de las asociaciones para cambiar la mentalidad. 
* El próximo 8 de marzo se prepara una huelga general de mujeres. Se pedirán paros en el trabajo, los cuidados y el consumo para reivindicar la igualdad desde todos los flancos

Las ‘Kellys’, las dependientas de Bershka, las trabajadoras de las residencias de Bizkaia… Todas son mujeres que dieron un paso al frente para defender sus puestos de trabajo y la dignidad del resto de sus homólogos. Ellas han liderado muchos movimientos sociales y laborales de los últimos años. Esas trabajadoras, compañeras y madres han salido de la retaguardia para capitanear la pulsión de cambio. Y no piden paso. Como colofón a estos meses de reivindicaciones y de músculo feminista, el próximo 8 de marzo se prepara una huelga que paralice el mundo en el Día Internacional de la Mujer. 

El diccionario estadounidense Merriam-Webster ya ha elegido cuál será la palabra del año: “feminismo”, un término que también resuena en nuestro país. Las españolas salieron de manera masiva el pasado 8 de marzo para pedir que cesen las desigualdades y la violencia de género, la expresión más cruenta del machismo. El juicio de ‘La Manada’ o el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, volvieron a llenar las calles de reivindicaciones. El pasado sábado, un grupo de feministas protagonizaron una manifestación antimilitarista en Bilbao. Los ejemplos son muchos y variados. “El feminismo es el sujeto político más potente que existe en la escena político-social”, recuerda Justa Montero, de Comisión 8 de Marzo. 

En el 15M o en movimientos como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), las activistas tuvieron un papel muy importante, al igual que en las mareas blancas o las verdes. Las organizaciones feministas han tenido una notable capacidad de influencia en las decisiones políticas de los últimos años. Por ejemplo, pueden apuntarse el tanto de no haber permitido el retroceso de la ley del aborto en 2014 que pretendía el ministro Alberto Ruiz-Gallardón, que acabó dimitiendo. Los años de trabajo intenso producen cambios lentos, pero firmes, lo que desemboca en un sentimiento de lucha y sororidad en todos los campos. Una de las primeras consecuencias es la revalorización de las profesiones asociadas tradicionalmente a las mujeres, como la limpieza o los cuidados. Son sectores que han decidido visibilizar sus problemas y reivindicarse. 

Las trabajadoras de las residencia: la revalorización de los cuidados Una de las últimas victorias laborales ha sido la de las trabajadoras de las residencias de Bizkaia que, tras más de un año de movilizaciones, han conseguido subidas salariales, una reducción de jornada y algunos días de descanso. Yolanda Montero, gerocultora y delegada del sindicato ELA, da por ganada la batalla pero no la guerra: “Aún nos queda mejorar el tema de los ratios”. La sociedad vive en un permanente oxímoron en el que se ven atrapadas estas trabajadoras. Por un lado, les confía lo más valioso de una sociedad, a sus abuelos o padres, por otro, las somete a saturación y jornadas difíciles donde la atención personalizada y completa se convierte en una quimera. 

La persistencia de estas profesionales hizo que finalmente vencieran, pero Montero cree que sí influyó el hecho de ser mujeres en que el conflicto se alargara tanto. Se convirtió en un pulso: “Pensaban que nos cansaríamos y que no aguantaríamos mucho tiempo”. La gerocultora se queja de que, a pesar de tener una función fundamental en el bienestar de abuelos y seres queridos, a veces las tratan como si su sueldo fuera “el complemento del de tu pareja en casa” o como “marionetas en manos de los sindicatos”. Es decir, como si carecieran de un pensamiento y acción propias. Estaban equivocados.

Las limpiadoras de edificios


Los catálogos de juguetes plagados de niñas con fregonas y planchas y niños con coches y taladros se replican después en la vida de los adultos. Al menos, eso es lo que cuenta Raquel Hijosa, del comité de empresa de Ferroser y representante de CCOO, que trabaja limpiando en un gran hospital madrileño. Su sector es uno de los más feminizados. “Los hombres se encargan de tareas como el abrillantado, sacar la basura o limpiar cristales, mientras nosotras limpiamos las habitaciones. Ahora algunos empiezan a entrar a limpiar también”, explica sobre cómo se reparten las tareas, una división que estas mujeres ya no pueden aceptar más. Entre estos dos trabajos no solo hay un reparto clásico e ilógico de las funciones. Según cuenta esta trabajadora, también se pagan pluses en algunas funciones, que siempre repercuten en ellos. El resultado es que se agranda la brecha salarial entre personas de la misma empresa y el mismo nivel.

Las Kellys 

Las trabajadoras llevan años construyendo puentes frente al vendaval de la crisis y la precariedad. Unas de las primeras en organizarse como colectivo fueron las ‘Kellys’, las camareras de hoteles que se vieron obligadas a reclamar sus machacados derechos. Su esfuerzo destapó una realidad precaria: cobran menos de dos euros por habitación, hacen jornadas interminables y están expuestas a una permanente vulnerabilidad laboral. El primer contacto lo tuvieron por redes sociales y no fue hasta 2016 cuando presentaron su asociación. Hoy tienen una red territorial, han llevado su reivindicación hasta el Parlamento Europeo y han convertido el color verde lima en símbolo inequívoco de combate.


Las trabajadoras de Inditex

Las mujeres protagonizan las luchas y también algunas victorias, incluso cuando se enfrentan al hombre más rico de España. El pasado noviembre, las trabajadoras de Inditex en Pontevedra desconvocaron una huelga después de que la empresa accediera a mejoras salariales y laborales.

Las madres interinas de Madrid 

Un éxito mucho más modesto consiguió un pequeño conjunto de profesoras interinas en Madrid. Se organizaron mediante un grupo de Facebook porque a sus compañeros sí les pagaban el verano y a ellas se lo negaron. Aunque debía ser un motivo de alegría, ser madres se convirtió en un problema laboral. No llegaban a los 9 meses trabajados que requiere la Comunidad de Madrid para pagar los meses estivales a los funcionarios, después de cogerse los cuatro meses de baja correspondientes. Tenían que elegir entre sus bebés o sus derechos: “Esta diferencia con nuestros compañeros fue una consecuencia directa de la maternidad. Hasta enero de 2017, la paternidad eran de 15 días y ellos sí cumplían con los requisitos para cobrarlo. Al no tener plaza fija, las interinas se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad que los funcionarios. Por ello, cada décima es vital. “Aún estamos peleando para que se nos reconozcan estos cuatro meses como tiempo de servicio y que no nos perjudique en la nota de las futuras oposiciones”, explica una integrante de este colectivo, cuya reivindicación afectaba a “30 o 50 profesoras madrileñas”. A nadie se le escapa que en muchas ocasiones ser mujer perjudica. Tienen un doble peso sobre su espalda: ser trabajadora y madre. 

Las espartanas de Coca-Cola en lucha

Ellas no solo son trabajadoras, también son madres, esposas y amigas de aquellos que despiden o rebajan los sueldos. Fue el caso de las ‘espartanas’ de Coca-Cola en lucha, que rompieron el muro que separa el hogar del trabajo cuando los empleados de la fábrica de Fuenlabrada fueron despedidos y readmitidos tras un largo litigio que aún no consideran resuelto. “Cuando una mujer da un paso hacia delante, un hombre no lo da hacia atrás”, explica Gema sobre la importancia de la colectividad en los conflictos. Ellas han dado visibilidad a lo que hay detrás de cada despido: una familia entera. Sus protestas, entrevistas e, incluso, villancicos navideños hacen que la batalla no se olvide. 

Hacia una huelga general el próximo 8 de marzo

Cada mes, un grupo de feministas se reúne para diseñar la convocatoria del próximo 8 de marzo. El objetivo será visibilizar qué ocurre cuando las mujeres deciden parar en sus trabajos, universidades o tareas del hogar. “No queríamos plantear únicamente una huelga tradicional, reducida a la laboral. Queremos también parar los cuidados y el consumo”, explica Sara Naila Navacerrada, miembro de la Comisión 8 de marzo de Madrid. La idea es que se detengan mujeres en todas las situaciones, desde las estudiantes hasta las asalariadas, pasando por las amas de casa. El efecto es que se comprenda de una vez qué ocurriría cuando esa compañera que trabaja más, cobra menos y no concilia decide levantarse de su silla y marcharse. Después del éxito de las últimas convocatorias, que desbordan las calles de Madrid y de otras ciudades españolas, las organizadoras se muestran esperanzadas. La comisión es un grupo inclusivo, intergeneracional y plural de mujeres generando ideas para visibilizar la necesidad de igualdad: “El movimiento está más fuerte. Consigue mantenerse de forma regular porque todo lo que nos atraviesa está en lo cotidiano. La violencia la recibimos día a día. Seguimos luchando. Vemos que al final nos están matando, despidiendo o insultando por la calle”, zanja Navacerrada.


Fuente: www.cuartopoder.es