noviembre 18, 2017

América Latina en clave Feminista: Luchas por las despatriarcalización de un continente

América Latina ha experimentado un cambio de tendencia en los últimos años que se ha concretado en el aumento de representación de los sectores más conservadores y en el posicionamiento en el espacio público de discursos que atacan directamente las luchas por la emancipación y la igualdad de derechos de las mujeres. El intento de desacreditar al movimiento feminista, pero también el incremento de la violencia y la brutalidad en los asesinatos de mujeres, se identifican con una estrategia de repatriarcalización conectada con la nueva fase capitalista y colonial de acumulación por despojo.

Manifestación Ni Una Menos 2017. Buenos Aires. Emergentes, CC -BY -4.0.

Cuando el pueblo colombiano fue convocado al referéndum sobre los Acuerdos de Paz en octubre del pasado año, una parte de los sectores más conservadores centró su campaña por el “No” en la supuesta “ideología de género” recogida en el texto acordado entre las FARC y el Gobierno de Juan Manuel Santos y que fue denunciada como una imposición de la guerrilla contra los valores de la tradicional sociedad colombiana. En un intento por acercar posiciones con los promotores del “No”, el presidente Santos aclaró públicamente que los acuerdos sometidos a votación no promovían la “idelogía de género”, dando carta de validez al término popularizado por Jorge Scala, un jurista argentino convertido en gurú de la nueva derecha latinoamericana. La tesis de Scala aparece desarrollada en un exitoso libro[1] entre los sectores más reaccionarios, en el que se presenta la categoría “género” como una invención del movimiento feminista impuesta de manera ideológica que tendría consecuencias desvastadoras para el individuo, la familia y la sociedad.

Meses antes del plebiscito celebrado en Colombia, el Congreso brasileño había llevado a cabo un golpe de Estado disfrazado de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff. La acusación para desalojar a la mandataria del poder se apoyó en una irregularidad fiscal en relación al presupuesto público; sin embargo, nada en relación a ello fue mencionado el día de la votación, cuando algunos de los congresistas acudieron a la urna invocando a “la nación evangélica y por la paz de Jerusalén”, “la familia cuadrangular” o “el nombre de Dios”. El éxito del juicio político a Rousseff llevó al conservador Michel Temer a ocupar la presidencia de manera interina y a simbolizar en un Gobierno conformado exclusivamente por hombres blancos el escaso interés del Ejecutivo en combatir las situaciones estructurales de discriminación y exclusión que subyacen tras la amplia e histórica brecha de inequidad de la sociedad brasileña.

Si, en el plano político, medidas como la inmediata eliminación del Ministerio de Mujeres, Igualdad Racial y Derechos Humanos de Brasil ya anticipaban el retroceso en algunas de las conquistas del movimiento de mujeres, la teatralidad en el escenario político permitía advertir el protagonismo de una identidad femenina que parecía superada y que se ejemplifica en el papel claramente figurativo y accesorio de las nuevas primeras damas: Marcela Temer y Juliana Awada, esposas de los presidentes de Brasil y Argentina, respectivamente. De manera coincidente con la figura de la más mediática Melania Trump, Temer y Awada personifican un modelo de mujer en el que la combinación de juventud, belleza y rol maternal se convierte en parte de la estrategia de márquetin en la carrera por el ascenso político de sus esposos.

La renovación del discurso patriarcal por parte de fuerzas conservadoras que llegaron al poder con eslóganes de cambio, libertad y progreso ha propiciado un clima sexista donde tienen cabida desde las formas más sutiles de machismo envueltas en bromas por parte de mandatarios hasta la incorporación en la agenda pública de las propuestas de organizaciones conservadoras con una gran capacidad de lobby sobre la toma de decisiones. En Brasil, por ejemplo, la arremetida contra la igualdad de género ha transcendido al ámbito educativo. La organización Escola sem Partido, una entidad no gubernamental pero con influencia en los representantes de la ciudadanía, ha logrado posicionar como “ideología de género” y, por tanto, con el adoctrinamiento que pretenden eliminar de las aulas, los contenidos sobre diversidad sexual, derechos reproductivos o las discusiones en torno a la homofobia o al feminismo.

Aunque la mayor parte de las constituciones del continente reconocen la laicidad de los Estados, es indiscutible la capacidad de los sectores más conservadores de la Iglesia Católica y de la cada vez más influyente Iglesia Evangélica para instalar su discurso en la opinión pública. La defensa del modelo de familia heteronormativa, con el rechazo del matrimonio igualitario, y la oposición a la despenalización del aborto en cualquiera de sus causales son los principales emblemas de los denominados sectores pro-vida y pro-familia. En México, la propuesta presidencial de reconocimiento legal del matrimonio gay y de la adopción por parte de familias homoparentales fue rechazada con la convocatoria realizada por la Iglesia de marchas en decenas de ciudades del país. En Chile, las organizaciones católicas se sumaron a la oposición conservadora para denunciar la inconstitucionalidad de la ley que despenaliza el aborto en tres causales y que fue aprobada por el Congreso a partir de la propuesta realizada por la presidenta, Michelle Bachelet. En El Salvador, uno de los países con la legislación más severa en relación a la penalización del aborto, el proyecto del partido ARENA de incrementar las penas asociadas a la interrupción del embarazo fue respondido con la propuesta del FMLN que contempla cuatro excepciones no punibles y que la Iglesia Católica califica de inmoral y de concesión a las presiones de organismos internacionales como la ONU.

Manifestación del 8 de Marzo de 2017. Buenos Aires. Emergentes, CC -BY -4.0.

La centralidad del género en el contexto actual

La palpable regresión en cuestiones relacionadas con los derechos humanos de las mujeres y de la población LGTBI forma parte de un amplio escenario con múltiples aristas pero sostenido en lo que la antropóloga Rita Laura Segato caracteriza como la vertiginosa expansión en el momento actual del “frente estatal-empresarialmediático- cristiano”[2]. La amplitud y heterogeneidad del continente no impide identificar un nexo conector entre las múltiples formas de agresión hacia las mujeres, desde el nuevo protagonismo de la moral conservadora de género hasta la brutalidad de los feminicidios, y que conduce a Segato a situar la “cuestión de género” como la piedra angular del resto de poderes.

Efectivamente, nunca antes habían existido en el continente marcos legislativos que brindaran tanta protección y garantías de igualdad entre la ciu dadanía y que penalizaran las situaciones de discriminación y exclusión. Sin embargo, la aprobación de leyes dirigidas a la promoción de la igualdad o a la erradicación de la violencia, con la incorporación del feminicidio como delito tipificado en algunos casos, no ha impedido que las mujeres sigan siendo víctimas de multitud de asesinatos en los que se cometen formas terribles de tortura y ensañamiento. ¿Qué esconden la brutalidad de los crímenes, la deshumanización de las víctimas o la exacerbación de las relaciones de género más tradicionales? ¿Por qué tanta resistencia al reconocimiento legal a las familias no heteronormativas o al derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos?

La capacidad del patriarcado para reconfigurar su discursividad y actualizar las formas de desigualdad y subordinación por encima de marcos legales estatales demuestra no solo la importancia del género como núcleo fundacional de otros sistemas de dominación, como sostiene Segato, sino también la conexión observada por el portugués Boaventura de Sousa Santos entre patriarcado, colonialismo y capitalismo que ha supuesto la intensificación de las formas de dominación en este momento histórico.

El lenguaje de los feminicidios en el Estado fallido

Fotografía: Mari Cruz Tornay.
El incremento de la violencia hacia las mujeres en un contexto de crisis de mocráticas, Estados fallidos y fase de acumulación por despojo se presenta de forma paradigmática en Honduras. El golpe de Estado perpetrado en 2009 contra el presidente Manuel Zelaya abrió una etapa oscura de vulneración de derechos humanos y privación de libertades en el país centroamericano. La quiebra de la legalidad democrática repercutió en el aumento de la corrupción y la criminalidad en un territorio fuertemente controlado por las maras y el narcotráfico, responsables de las elevadas tasas de homicidios que han convertido a San Pedro Sula y Tegucigalpa en dos de las ciudades más violentas del mundo. Al igual que en otros contextos, la debilidad institucional y democrática del país colabora al fortalecimiento de organizaciones paraestatales que operan amparadas en la impunidad que les brinda la corrupción de las instituciones.Manifestación en El Salvador por el derecho al aborto. 

Los datos evidencian el incremento de la violencia en contextos de Estados fallidos que demuestran escasa capacidad para proteger la vida: el asesinato de 468 mujeres en 2016 convirtió a Honduras en el país de la región con mayor tasa de feminicidios en ese año, según datos de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). El 96 por ciento de estos asesinatos quedó impune. La amenaza de las organizaciones paraestatales para la vida de las mujeres es un hecho. Las muertes en escenarios de delincuencia organizada, en los que se incluyen maras o pandillas, extorsión, narcotráfico y trata de personas, se elevaron a 118, cifra muy por encima de los 50 asesinatos registrados como feminicidios íntimos que hacen referencia al crimen cometido por la pareja o ex pareja de la víctima.

El territorio se convierte aquí en un lenguaje que expresa la vulnerabilidad y la amenaza sobre la vida por el hecho de ser mujer. Si, en otros contextos, la mayor parte de los asesinatos de mujeres se producen en espacios íntimos a manos de parejas o ex parejas, en zonas con alta presencia de organizaciones paraestatales, como es el caso de Honduras, el mayor índice de asesinatos se registra en calles o vías públicas. La brutalidad y el ensañamiento sobre cuerpos inertes, abandonados pero intencionadamente accesibles a la mirada del espectador, invitan a decodificar lo que la investigadora argentina Karina Bidaseca define como “mensajes simbólicos” escritos sobre los cuerpos de las víctimas[3].

Patriarcado, violencia y extractivismo

La amenaza de la industria extractivista sobre comunidades, la privatización de la violencia en los territorios donde opera el capital transnacional, el desplazamiento forzado de poblaciones, el asesinato (impune, en muchos casos) de líderes ambientales y el incremento de la vulnerabilidad de las mujeres a la violencia confirman la teoría de la interrelación entre patriarcado, capitalismo y un colonialismo que nunca fue superado. El momento histórico del capital definido por David Harvey como “acumulación por despojo” se presenta en algunos de los territorios del continente en forma de proyectos mineros, hidráulicos, gasísticos o petroleros que comparten la amenaza sobre las formas de vida de los territorios en los que se ubican.

La búsqueda de nuevos yacimientos y la facilidad ofrecida por gobiernos interesados en la inversión de capital extranjero provocan que las empresas extractivas pongan el foco de atención en zonas no explotadas, como habitualmente ocurre sobre los territorios habitados por pueblos y nacionalidades indígenas. Desde la frontera norte de Estados Unidos, con el intento de construcción de un oleoducto en territorio Sioux, hasta el extremo sur del continente, con la afectación de las comunidades mapuches por el proyecto gasístico GNL Talcahuano, la principal amenaza que hoy pesa sobre la supervivencia de las poblaciones indígenas y de la vida en sus territorios es la violencia asociada al extractivismo y al despojo de tierras.

Los asesinatos de las activistas ambientales Berta Cáceres y Lesbia Yaneth Urquía rebelaron la brutalidad de la violencia que sufre la población en su lucha por la defensa del territorio, en este caso ante la amenaza de la presa hidroeléctrica para el pueblo indígena lenca en el noroeste de Honduras. El protagonismo de las mujeres indígenas en la defensa del territorio es consustancial al impacto de la explotación extractiva: las mujeres son las principales afectadas por la pérdida de las formas de vida tradicionales y la militarización.

La retroalimentación entre capital, colonialismo y violencia patriarcal se sucede de manera formidable en las áreas con presencia de industrias extractivas incluso antes del inicio de actividades de explotación. De manera recurrente, las empresas preparan su incursión en el territorio con promesas de creación de empleo o instalación de proyectos sociales en zonas con escasas infraestructuras que tienen por objetivo la captación de voluntades, cuando no la división de la comunidad. La campaña de desprestigio y criminalización de líderes también afecta de forma diferenciada a las mujeres. En los testimonios de activistas de derechos humanos contra las industrias extractivas recogidos por la organización AWID[4], las entrevistadas refieren que en las campañas de desprestigio hacia ellas están presentes las connotaciones sexuales o las dudas sobre su desempeño en los roles familiares y comunitarios.

El inicio de actividades relacionadas con la explotación ha sido relacionado de manera extensa con el aumento de la violencia hacia las mujeres. La contaminación del territorio y el protagonismo que toma la economía monetaria provocan la pérdida del rol social femenino en las comunidades a la vez que aumenta la dependencia del salario de los hombres y, con ello, su vulnerabilidad[5].

Por Mª Cruz Tornay Márquez forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate. 

Notas

  1. Segato, R.T. (2016). La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sueños.
  2. Scala, J. (2010): La ideología del Género o el género como herramienta de poder, Ediciones Logos, Argentina.
  3. Bidaseca, K. (2015): Escritos sobre los cuerpos racializados. Lenguas, memoria y genealogías (pos) coloniales del feminicidio, Universitat de les Illes Balears.
  4. Barcia, I. (2017): Defensoras de derechos humanos confrontando a las industrias extractivas: Un panorama de los riesgos críticos y las obligaciones en materia de derechos humanos, AWID y WHRDIC.
  5. Vázquez, E. (2014): La vida en el centro y el crudo bajo tierra. El Yasuní en clave feminista, Colectivo Miradas Críticas del Territorio desde el Feminismo, Quito.

Criminalización del aborto: una batalla contra los cuerpos y las existencias de las mujeres


Foto: Rovena Rosa/Agência Brasil

La batalla dada contra los cuerpos de las mujeres cis y hombres trans es una de las más importantes en este espacio-tiempo bajo lo que llamamos “democracia”. En un sistema de control y opresión el cual mira a los ovarios para su reproducción y mantenimiento. En el sistema donde lo que importa es la reproducción de la riqueza en una lógica mercantil, lxs cuerpos que subvierten a los mandatos deben ser controlados, apropiados y se debe naturalizar la violación como forma de disputa de poder frente a la amenaza de desestabilización.

El derecho a decidir sobre el propio cuerpo esté reconocido por la Organización de las Naciones Unidas. La Declaración Universal de los Derechos Sexuales trata de la autonomía, integridad y seguridad del cuerpo sexual “involucra la habilidad de tomar decisiones autónomas sobre la vida sexual de unx dentro de un contexto de la propia ética personal y social. También incluye el control y el placer de nuestros cuerpos libres de tortura, mutilación y violencia de cualquier tipo”. Sin embargo, la batalla por ascender a la categoría de humana aún es una realidad para las mujeres, siempre vigilantes acerca de sus derechos y del cuestionamiento de los mismos –aún más en momento de crisis. Las evidencias están en los sistemáticos intentos de criminalizar los cuerpos y las existencias a través de los aparatos estatales, atravesados por la moral religiosa.

La ética social en las civilizaciones occidentales es una mera ilusión. La mezcla entre Estado y religión, la profundización de la desigualdad y de feminización de la pobreza, la imposición de leyes basadas en códigos morales y colonizadores son las bases de sostén del sistema que además de genocida es hipócrita.

El recrudecimiento de las acciones en contra la liberación de las mujeres (todas ellas), es una respuesta al levantamiento feminista por lo cual venimos pasando en este siglo. Frente al miedo del empoderamiento de las mujeres y la imposibilidad de dar los debates sobre las estructuras que someten a las mujeres a través del sistema heteropatriarcal, la respuesta es más violencia. No es sólo para demostrar poder, sino también para desmantelar los logros obtenidos en décadas de lucha.

En Brasil, el último 8 de noviembre, el proyecto de ley 181/2011 que trata de cambiar dos artículos de la constitución del país para definir que la vida empieza desde la concepción –a partir de la fecundación– fue aprobado por 18 votos a favor y 1 en contra. Todos los votos a favor fueron de varones, el único en contra fue de la Diputada Erika Kokay (PT-DF). El proyecto fue presentado por el diputado Jorge Tadeu Mudalen (DEM) y es articulado con la bancada evangelista en la Cámara Baja. Con la modificación en el texto, los casos de interrupción del embarazo proveniente de violación, anencefalia y riesgo de muerte para la mujer –que hoy son permitidos por ley– pasan a ser prohibidos y considerados delitos.

En defensa de la vida –argumento utilizado por los defensores del proyecto– los legisladores ignoran los números de la OMS (Organización Mundial de la Salud) que revelan que cada dos días una mujer muere en consecuencia de abortos clandestinos en el país. Las mujeres pobres y negras son las que más mueren ya que no disponen de recursos para realizar el procedimiento de interrupción del embarazo en condiciones mínimamente seguras. Los mismos diputados que votaron en contra la despenalización del aborto en casos extremos, también impulsan la campaña de la baja de edad de imputabilidad penal. Caracterizando una nítida criminalización de la pobreza y racismo institucional.

Mientras crece la representación de las camadas conservadoras en los espacios de poder institucionales, también crece el número de feministas ocupando las calles, las redes y las universidades. El movimiento llamado “Primavera de las Mujeres Brasileras”, que ocurrió en 2015, fue lo más importante de la historia feminista del país y sigue poniendo el debate sobre el derecho de las mujeres como eje fundamental a fin de visibilizar las violencias cotidianas en un país que es el quinto más violento del mundo para las mujeres.

Por  Vanessa Dourado, escritora y feminista latino-americana
Fuente: http://virginiabolten.com.ar

noviembre 17, 2017

La mujer es el "Nigger del mundo"

Muchas leyes y pocos cambios culturales. Este podría ser el slogan que describe lo que ha pasado con las mujeres y sus luchas. Sé que es duro, pero las situaciones de violencias cotidianas que viven las mujeres me obligan a reflexionar casi amargamente. Claro que las leyes se agradecen, ni más faltaba, pero el bache entre las ordenanzas y las prácticas culturales sigue siendo grande. Aunque las normas rubriquen cosas buenas, el mundo de la vida, aparentemente, camina hacia otra dirección.

Un caso distinto parece ser el de la comunidad LGBT, cuyos derechos han sido reconocidos de manera vertiginosa en las últimas décadas. Aquí, las leyes han avanzado a pasos agigantados. Incluso en países de mayoría católica, como muchos en América Latina, las personas LGBT tienen hoy derecho a casarse, a adoptar, al libre desarrollo de la personalidad. Y, culturalmente, también parece haber una mayor aceptación de esta comunidad. Pese a los esfuerzos reaccionarios de los sectores más conservadores de la sociedad, ya no es tan extraño ver personajes LGBT siendo, incluso, exaltados en diarios, series y novelas de televisión, para no mencionar aquellos y aquellas que ocupan cargos públicos de medio y alto nivel y que “mojan prensa”, como se dice coloquialmente, casi a diario.




Al mirar esta situación, me asalta una pregunta: ¿Por qué los avances en cuanto a la cultura parecen ser mucho más grandes cuando se trata de la comunidad LGBT en comparación con el inmenso colectivo denominado “las mujeres”? A partir de esto quiero hacer algunas reflexiones.

Lo que quiero plantear no tiene nada que ver con una odiosa comparación en la que unos resultan siendo los buenos y los otros malos. Tampoco se trata de un prejuicio frente a una comunidad de la que soy parte y por la que he luchado desde el campo de la comunicación educativa. No, lo que quiero es invitar a hacernos preguntas sobre este tema, del que incluso he conversado con amigas feministas con cargos importantes en instituciones que trabajan por los derechos LGBT, y que tienen una percepción similar a la mía.


¿¡¡¡Lesbi!!!?

En estos días leí este titular en un servicio informativo de noticias: “La hija lesbi de Carlos Vives escandaliza en Instagram” (subrayado fuera de texto). La noticia fue publicada por un periódico serio que circula en Internet: Las2Orillas. No sé si sobra decirlo, pero Carlos Vives es, junto a Shakira, Juanes y ahora Maluma, uno de los cantantes colombianos más reconocidos internacionalmente y más queridos por la población del país.

No leí la noticia completa pues los chismes sobre el jet set suelen aburrirme sobre manera, pero pude entender que Lucy (así se llama la jovencita), escandaliza con sus fotos de besos y otros encuentros cercanos con su novia. Pese a las fuerzas conservadoras y fundamentalistas que pretenden reversar los derechos de las personas LGBTI en el país y en el mundo, Lucy tiene más de un millón de seguidores en su cuenta de Instagram. (Debo morderme la lengua, no… atar mis manos, para no comentar nada sobre lo que pienso que tener este número de seguidores en Instagram significa realmente, pero eso sería, con seguridad, otro tema…).

Traigo este ejemplo, con su ridículo “lesbi” en el título de la noticia, simplemente para ilustrar lo que aparentemente es un fenómeno de aceptación masiva de la comunidad LGBTI y algunos de sus derechos, incluidos en varias Constituciones y su jurisprudencias, en este caso, el derecho a mostrar el afecto en público (libre desarrollo de la personalidad).




Bedlam revisitado

¿Significa este caso (y muchos otros) que la cultura masiva –reflejada en artículos de prensa, telenovelas, series que pasan en streaming, redes sociales y demás– que las masas están aceptando que las personas tienen derecho a escoger su identidad de género y su orientación sexual? La pregunta merece una acotación: es imposible soslayar el hecho de que aun en estos días en que lo queer, lo pansexual, lo lésbico, lo transgénero y lo gay están de moda, los crímenes de odio, el matoneo y la discriminación contra la comunidad LGBT siguen alcanzando cifras demasiado altas. Pero aun así, ¿por qué esta (aparente) aceptación?

En una conversación con chicas de bachillerato de un colegio de Bogotá sobre el tema de lo transgénero declararon –creo que muy sinceramente– no tener prejuicio alguno con sus compañeros y compañeras en tránsito y, de hecho, le restaron importancia al tema diciendo que era aceptado por todos, incluidos directivos y profesores. Otra fue la reacción cuando empezamos a hablar del feminismo, de la situación de las mujeres, del amor romántico y sus cadenas. El feminismo les pareció horroroso, ¡nada más y nada menos que la antítesis del machismo (sic)! No se habían dado cuenta o no quisieron admitir que a las mujeres las asesinan impunemente por el solo hecho de serlo. La violencia doméstica contra las mujeres les pareció un atavismo propio de personas de bajo nivel cultural y educativo, y defendieron con vehemencia que no era lo mismo que una mujer le pusiera los cachos a un hombre (expresión que detesto) o que “abandonara” a sus hijos, que los casos contrarios. Se trata de chicas inteligentes y que aspiran a una educación superior, ¡si es que les queda el tiempo suficiente para ser esposas dedicadas e inmejorables madres de familia como planean serlo, y estudiar!

Bedlam


¿Será que con las personas LGBT estamos viviendo un fenómeno parecido a lo que sucedía en Bedlam (un manicomio que aun hoy existe en Londres) en el que en el siglo XV, cuando se podía pagar un penique para ver a los “lunáticos” en sus celdas actuando sus delirios? ¿Será que es más chic, más cool, más televisivo, ver a dos personas del mismo sexo besándose o enterarse de todos los detalles del tránsito de un personaje famoso que ver a una mujer golpeada, maltratada, asesinada o vapuleada porque no está cumpliendo con el rol prescrito? Mis preguntas no tienen nada que ver con bajar el racero para todas las personas sino ¡con subir los estándares para todos los seres humanos! ¿La aceptación y tolerancia frente a lo LGBT es real? ¿Por qué no pasa lo mismo con las mujeres?

Niggers

Hace ya más de cuatro décadas que Yoko Ono y John Lennon publicaron una canción llamada “Woman is the Nigger of the World". Como se recuerda, Yoko Ono fue muy criticada por los medios de comunicación e incluso por los amigos y excompañeros de banda de John pues, según unos y otros, Yoko era algo así como el demonio que había destruido a los Beatles y, de paso, a John. Y como también se recuerda, “nigger” es una palabra extremadamente peyorativa para denominar a las personas afroamericanas en los países angloparlantes. De hecho, durante el esclavismo, y aun después, a la palabra “nigger” solía anteponerse el adjetivo posesivo “my” (mi) para denotar que el “nigger” le pertenecía a un dueño, de la misma manera que hoy en día muchos, millones de hombres, siguen diciendo “mi mujer” para referirse a su esposa, compañera o novia. ¿Por qué traigo a cuento la canción de Yoko y John?:



La mujer es el “nigger” del mundo, piénsalo, haz algo al respecto.

La obligamos a pintarse la cara y bailar.

Y si no lo hace la acusamos de que no nos ama.

Si es auténtica decimos que parece un hombre.

La rebajamos creyendo que la estamos poniendo en alto.

La mujer es el “nigger” del mundo.

Si no me crees mira a la mujer que está contigo.

La mujer es la esclava del esclavo.

Grita que es así.

La hacemos tener y criar a nuestros hijos

y luego la dejamos por ser una mamá gallina gorda.

Le decimos que el hogar es su único lugar

y luego nos quejamos de que es muy ignorante y no merece ser amiga nuestra.

La mujer es el “nigger” del mundo.

Todos los días la insultamos en la televisión.

Y luego nos preguntamos por qué no tiene fuerza ni confianza.

Cuando está joven matamos sus deseos de libertad.

Y mientras le decimos que no sea tan inteligente la ridiculizamos por ser tan bruta.

La mujer es el “nigger” del mundo y si me crees, grita que es así.

Elocuente y vigente, ¿no? El grito no ha sido del todo escuchado por la sociedad. La mujer sigue siendo el “nigger” del mundo en este y en muchos otros sentidos. El cambio total de paradigma no se ha dado y aunque como fenómeno mediático los y las LGBT parecieran ser más aceptados, nueva y dolorosamente me recuerdan a los reclusos del Bedlam de los 1600.

Por Miriam Cotes
Estudié filosofía, luego educación y ¡rematé con literatura inglesa! Me he ganado la vida escribiendo, editando textos de otr@s, haciendo video, documentales, programas de televisión para la tv pública, páginas web, proyectos transmedia, estrategias de comunicación. Lo he disfrutado montones. Por lo demás, amo dibujar, hacer animación, pintar y la música, particularmente el rock... Algunos dirían que soy poeta y yo a veces he estado de acuerdo. También medito casi todos los días y en algunas ocasiones hasta he logrado ver con distancia el barullo interior, mi conversadora interior, y reírme con ella. 
Fuente: Revista Bravas

Camila Cienfuegos, de la guerrilla de las FARC a la política feminista

Camila Cienfuegos, en una imagen de archivo.

Tras 27 años de lucha armada en las FARC, la exguerrillera es ahora parte de la dirección del partido en el que quiere inculcar el "feminismo insurgente".

Tenía 14 años cuando ingresó en las filas de las FARC. Sus padres, campesinos y miembros del Partido Comunista, la habían enviado a la ciudad de Cali con ocho años a que estudiara, a casa de unos familiares acomodados. “Muy pronto empecé a ser consciente de las desigualdades entre la vida en la ciudad y el campo, a ver que unos niños podíamos estudiar y otros no, por ejemplo, y no entendía por qué. Me indignaban las desigualdades sociales, no las entendía y empecé a sentir que tenía que irme a luchar por estos derechos básicos, como la salud y la educación con la guerrilla”.

Al principio la rechazaron: los reglamentos de las FARC prohibían que los menores de 15 años entraran en la organización, “pero yo era adolescente y muy terca. Si se me metía algo en la cabeza lo hacía y no paré hasta que lo conseguí”. Se fue a hurtadillas, porque “de saberlo, mis padres no me hubiesen dejado ir, pero a esa edad a uno le importa un pepino lo que piensan los padres”. Cuando se enteraron, intentaron hacerla volver a casa, pero la decisión estaba tomada: “Vinieron a los dos meses, pero ya no había marcha atrás. Era mi decisión y tenían que respetarla”.

Veintisiete años después, Camila Cienfuegos forma parte de la Dirección Nacional del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria de Común (FARC), la formación política nacida de la organización militar tras el acuerdo de paz firmado hace un año con el Gobierno colombiano.

Durante el largo proceso de negociaciones -en el que participó activamente como parte de la Mesa de Conversaciones de La Habana- Camila y sus compañeras de guerrilla lograron pactar que cada punto del acuerdo tuviera un enfoque de género. “Había que intentar proteger a las mujeres. La experiencia de otros países nos dice que la exclusión y la falta de visibilidad de las mujeres en la fase de reconstrucción y postconflicto, las hace más vulnerables a la hora de reincorporarse a la vida civil. Queríamos tenerlo en cuenta”, dice.

Estaba dado el primer paso para la creación de un movimiento que, pretenden, abarque la totalidad de la sociedad colombiana, impulsando cambios sociales centrados en la perspectiva de género y al que llaman “feminismo insurgente”. “Tiene por base nuestras vivencias dentro de la guerrilla. A la gente le cuesta entenderlo pero en las FARC había mucha más igualdad y paridad que en el resto de la sociedad. Los roles de género no existían. Todos teníamos que llevar el fusil, cocinar, limpiar, independientemente de ser hombre o mujer”, cuenta.

“¿Si eso significa que no vivíamos situaciones machistas? No. Pero porque estamos integrados en una sociedad machista y patriarcal y todos sufrimos los vicios de esa misma sociedad. Son cosas que cuesta mucho cambiar pero nuestro día a día estaba basado en la igualdad de derechos y el respeto, algo que la mayoría de colombianas no tiene y no queremos perderlo en nuestra vida civil”, concluye.

Feminismo insurgente

El movimiento del feminismo insurgente se apoya en la ideología anti-capitalista de las FARC, conectando la emancipación femenina con la lucha de clases. “Se entiende que no hay liberación posible de las mujeres sin la eliminación de la dominación de clase, pero a su vez, no hay posibilidad de emancipación humana, sin el reconocimiento a plenitud de los derechos de las mujeres”, se lee en la tesis de mujer y género elaborada por las mujeres farianas para la constitución del partido.

El movimiento implica e incentiva a los hombres a buscar una transformación de las relaciones de género, a adoptar una nueva masculinidad fuera de los estereotipos machistas vigentes en la sociedad colombiana. “Reivindicamos un feminismo que nos incluya a todos, porque el hombre también es rehén de ese machismo. Al hombre se le enseña de pequeño que él es el fuerte, el que tiene el poder y la mujer la débil, la sumisa. Hay que entender que nacemos diferentes pero que esas diferencias no tienen nada que ver con la igualdad de derechos o de representatividad”, explica Cienfuegos.

El documento insta también a acabar con la violencia económica que sufre la mujer, relegada a los trabajos domésticos la mayoría de veces y sin recursos para ser independiente y vivir de manera autónoma. “A las mujeres se nos ha privado el acceso al espacio público, siempre hemos estado confinadas al espacio privado, al trabajo doméstico, a los cuidados y esto nos retira capacidad económica, independencia y emancipación”, relata.

En este sentido, la tesis defiende la creación de un departamento de mujer y género para diseñar la línea política del partido en esta temática, aunque no está todavía claro de qué manera se van a poner en práctica estas ideas, ni el funcionamiento de dicho departamento.

Aborto y agresiones sexuales

Pese a la ideología feminista, organizaciones como Human Rights Watch (HRW) han cuestionado las prácticas de las FARC denunciando casos de agresiones sexuales en la guerrilla. “No digo que nunca haya pasado. Pero digo que esas actuaciones no eran promovidas por la organización. Al revés, eran severamente castigadas. No sólo los crímenes sexuales, sino que había un código de conducta que prohibía los comentarios soeces y despectivos entre compañeros”, defiende Camila. “Pero lo repito, el machismo es algo que está arraigado en nuestra sociedad, es una construcción social de la que no es fácil salir, por lo que en la organización también existía, claro que sí”.

Otra de las denuncias de HRW es la de que muchas guerrilleras se han visto obligadas a someterse a abortos forzosos, algo que Cienfuegos niega. “No eran forzosos. Era una situación de la guerra. Estábamos en guerra, no era compatible con tener un niño. El parto exige cuidados que no se tienen en la selva. Aunque muchas los han tenido”.

Camila fue una de ellas. Tuvo a su niña con 19 años y se separó de ella con 20 días. “Cuando ingresé hice un juramento de luchar por los cambios sociales y tenía una responsabilidad moral. No iba a quedarme en mi confort de madre, idealizando a mi hija y a mi maternidad cuando había hecho la promesa previa”, recuerda.

Su hija se quedó entonces con su família y durante el conflicto armado Camila la vio tan sólo tres veces. “Dudé, lloré muchas veces pero no podía priorizar lo mío, no tenía derecho a dejar atrás todo”. Su hija creció sabiendo que su madre y su padre (que murió cuando la pequeña tenía dos años) eran guerrilleros “Mi hermana se encargó de que ella supiera siempre que tenía una madre luchando por los cambios sociales”.

Acuerdos de paz en el limbo

Ahora tiene 21 años y a Camila le gustaría dejarle de herencia una Colombia en paz, un proceso que se inició el año pasado con la firma de los acuerdos de La Habana pero que está lejos de llegar a la implementación. “Reconozco que el presidente Santos ha hecho cosas, se la ha jugado por el país y por la paz, pero tiene una maquinaria que no le ayuda. Y luego está Uribe, que odia el proceso de paz visceralmente y acabaría con él si pudiera”, analiza Camila Cienfuegos.

La exguerrillera, que está en Madrid para participar en el seminario 'El territorio como espacio de paz en Colombia', organizado este jueves por la ONG Alianza por Solidaridad, ha coincidido con activistas colombianas en que "se está negligenciando el proceso de paz".

Con las elecciones presidenciales en el horizonte -se celebran en 2018- las activistas destacan que un cambio político podría poner en riesgo el acuerdo, resaltando que la sociedad se encuentra todavía muy dividida. “Si gana la extrema derecha, el acuerdo se romperá”, denuncia Pilar Rueda, asesora de la Secretaria Ejecutiva en género e infancia de la Jurisdición especial para la Paz-JEP.

Rueda destaca que es muy importante seguir una estrategia “de acciones específicas para proteger a las mujeres” que han sido “las principales víctimas en todo el proceso”. Por eso, señala, “es muy importante que el acuerdo tenga una perspectiva de género”.

De entre la población femenina hay una franja especialmente vulnerable: las mujeres afrocolombianas, que representan a más de 5 millones de la población y que han sido muy castigadas por el conflicto armado. “Hay una negligencia fuerte por parte del Gobierno en avanzar con el enfoque de género”, analiza Charo Mina, activista afrocolombiana, que destaca otra vez los comicios como un posible punto de inflexión. “Hay elecciones y dependiendo de quien gane sabemos que no habrá voluntad política en encauzar determinados temas. Tenemos un camino espinoso”.

Fuente: https://www.elespanol.com