marzo 28, 2017

Informe Hemisférico sobre Violencia Sexual y Embarazo Infantil en los Estados Parte de la Convención de Belém do Pará


El Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará (MESECVI), elaboró el Informe Hemisférico sobre Violencia Sexual y Embarazo Infantil en los Estados Parte de la Convención de Belém do Pará, un panorama regional sobre la problemática que rodea el embarazo de niñas menores de 14 años y su relación con la violencia sexual.

¿Cuál es el objetivo del informe? Visibilizar el tema, brindar espacios de discusión, emitir recomendaciones a los Estados Parte de laConvención de Belém do Pará y promover el derecho de todas las niñas a vivir libres de violencia.

¿Por qué se hizo este informe? Las altas cifras de violencia sexual, su incidencia directa en el matrimonio o la unión, el embarazo infantil y adolescente, las maternidades forzadas y la ausencia de políticas que aborden esta grave situación ha sido una constante preocupación para el Comité de Expertas del MESECVI.

¿Cuál es la postura de este Comité? El grupo de expertas es enfático en señalar que las relaciones sexuales con niñas menores de 14 años constituyen un delito y que el consentimiento, en estos casos, no tiene validez. Por consecuencia, todo embarazo en una niña menor de 14 años se debe considerar producto de violencia sexual.

¿Por qué las niñas deben continuar sus embarazos en contra de su voluntad? En muchos de los países de la región, el aborto es prohibido o restringido y, aun cuando se permite en ciertos casos, es poco accesible. Sumado a esto, la desinformación sobre los hechos, la legislación que perpetúa estereotipos de género y la ausencia o la no aplicación de protocolos de actuación (dónde el aborto está permitido), son las principales razones para que una niña deba continuar con su embarazo.

El Comité de Expertas es el órgano técnico del MESECVI, responsable del análisis y evaluación del proceso de implementación de la Convención de Belém do Pará. Está integrado por expertas independientes, designadas por cada uno de los Estados Parte entre sus nacionales, quienes ejercen sus funciones a título personal.

Situación de violencia y múltiple discriminación que es ejercida sobre las mujeres gitanas


Pepi Fernández
La realidad del Pueblo Gitano, y sobre todo de las mujeres gitanas, es tan diversa como la sociedad en general. No hay una realidad única de la mujer gitana, sino que cada una de nosotras es única

Si pensamos en el imaginario que el colectivo general tiene sobre el conjunto de las mujeres gitanas seguro que muy poca gente nos reconocería como abogadas, dependientas, farmacéuticas, barrenderas, vendedoras ambulantes, trabajadoras sociales entre otras muchas cosas como amas de casa, compañeras, amigas, activistas, deportistas, etc.

Y si han leído bien, habrán visto que lo he escrito en plural. Mujeres gitanas, porque la realidad del Pueblo Gitano, y sobre todo de las mujeres gitanas, es tan diversa como la sociedad en general. No hay una realidad única de la mujer gitana, sino que cada una de nosotras es única y vive su identidad, personalidad y realidad cultural de forma personal y distinta a las demás.

Por eso, porque poca gente se lo imagina y lo cree, es necesario hablar de todas nosotras, de las mujeres gitanas, de nuestros éxitos, de nuestras alegrías, y también de cómo superamos todas las barreras que nos encontramos a lo largo de la vida y en diferentes esferas. Debemos hablar de lo que sufrimos.

Las mujeres gitanas somos víctimas de múltiple discriminación. Sufrimos violencia. Y esa violencia nos viene ejercida desde diferentes esferas.

Según reflejan diversos estudios e informes, el Pueblo Gitano es el grupo social más rechazado siendo las mujeres gitanas las que sufren discriminación en un 52% de los casos detectados.

La violencia que podemos o no sufrir, no solo es violencia de género. Es violencia institucional, patriarcal, social, legal,…

Vivimos en una sociedad patriarcal que relega a las mujeres a un segundo plano minimizando nuestros derechos. Y esto nosotras, las gitanas, lo sufrimos de manera doble, dentro y fuera de nuestra comunidad.

Todas nosotras sufrimos discriminación por ser mujeres y por ser gitanas y a ello hay que sumarles las situaciones y/o condiciones que reunamos cada una como: ser jóvenes, con una determinada posición socioeconómica, vivir en una determinada zona de la ciudad, carecer de estudios mínimos o tener una determinada orientación sexual. Todo esto aumenta la violencia y discriminación que podamos sufrir con respecto a la violencia que sufre el resto de mujeres.


La violencia nos viene ejercida porque se nos limita o niega el acceso y disfrute de nuestros derechos como ciudadanas por nuestra condición de gitanas

La violencia nos viene ejercida porque se nos limita o niega el acceso y disfrute de nuestros derechos como ciudadanas por nuestra condición de gitanas. Porque se nos echa toda la carga de la atención y los cuidados de las y los menores y mayores de la familia por nuestra condición de mujer. Porque se nos considera las transmisoras de la cultura y de los valores. Porque se nos persigue en los centros comerciales, hospitales y colegios. Porque para “progresar e integrarnos” (integrarnos en el modelo que quiere y define la sociedad mayoritaria sin tener en cuenta nuestra opinión como ciudadanas y ciudadanos) se nos hace responsables de ser el motor de cambio de nuestras familias y sociedad; en definitiva, porque el sistema patriarcal y capitalista nos oprime.

Al inicio, comenzaba diciendo que poca gente nos define como realmente somos. Normalmente nos relegan a un estereotipo. Eso también es violencia. Que te encasillen y miren como un producto de fábrica hace mucho daño y merma la autoestima e identidad.

Me gustaría detenerme en lo de ser el motor de cambio:

El hecho de que se nos considere las trasmisoras de la cultura y valores y, por ende, el motor de cambio para “progresar e integrarnos” ahí donde se nos indica (por parte de los pudientes, administraciones e instituciones pertinentes), conlleva mucha más presión, carga y, por tanto, violencia sobre nosotras.

Si observamos, la mayor parte de las intervenciones y estrategias que se realizan para el Pueblo Gitano ponen su foco de intervención sobre la mujer, ejerciendo mucha más carga sobre ella y aumentando las que ya tiene.

Es necesario entender que nosotras no somos las únicas responsables de propiciar esa revolución para hacer desaparecer esa violencia y múltiple discriminación que es ejercida sobre el Pueblo Gitano y con especial intensidad sobre las mujeres gitanas.


La salud que vivimos las mujeres gitanas es mucho peor en relación a la media nacional

Como es evidente, todo esto repercute en nuestra salud. Según las estadísticas, la salud que vivimos las mujeres gitanas a lo largo de nuestra vida es mucho peor en relación a la media nacional.

Históricamente hemos sido un pueblo perseguido y maltratado (la Historia está ahí, está escrita y podemos hacer un repaso de ella estudiando las pragmáticas de persecución del Pueblo Gitano) que se ha sobrepuesto de sus heridas, y en ese proceso de superación han participado activamente las mujeres gitanas.

Es necesario que se escuche las voces de las feministas gitanas, que se nos cedan esos espacios de poder que nos han usurpado y que nos pertenecen. Las mujeres gitanas tenemos mucho que decir, y sabemos muy bien lo que decir, porque queremos decidir sobre nosotras, debemos decidir sobre nosotras, ya que solo nosotras somos las dueñas de nuestras vidas y destino.

Quisiera hacer mención a esas mujeres lideresas de nuestro entorno. Esas mujeres, esas gitanas viejas (como nosotras llamamos a nuestras mayores) mujeres luchadoras, con ideales, con personalidad, que han hecho posible que todas nosotras estemos hoy en día aquí, y que hayamos alcanzado nuestra libertad.

Ellas han sufrido, han luchado, han penado, pero se han superado y lo han hecho no solo por ellas, sino por todas las mujeres que veníamos detrás.

Ellas, sin saberlo, han sentado las bases de ese feminismo gitano. Ellas y nosotras, víctimas de esa violencia y discriminación múltiple, luchamos día a día por hacer desaparecer todas esas cosas que nos limitan como ciudadanas, como mujeres y como gitanas.

Referencia curricular

Pepi Fernández Camacho tiene 30 años y es natural de Ontur, Albacete. Actualmente reside en Madrid. Trabajadora Social y activista en defensa de los Derechos Humanos. Ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional en la intervención con menores, jóvenes y mujeres. Actualmente trabaja en la Fundación Secretariado Gitano en el Dpto de Inclusión Social. Es coordinadora del Programa Calí, por la igualdad de las mujeres gitanas.

Fuente: Revista con la A

marzo 27, 2017

En peligro mujeres y niñas en Colombia por actores armados: Alta Comisionada de la ONU

* * Gilmore presentó su evaluación del país sudamericano sobre la implementación del acuerdo de paz.

La Alta Comisionada adjunta para los Derechos Humanos, Kate Gilmore, alertó sobre el peligro que están representando actores armados que participan en el crimen organizado y otras actividades económicas ilegales en Colombia, que amenazan el proceso de paz.

Dijo que la violencia ha aumentado sobre todo en las zonas rurales y afecta especialmente a las mujeres y las niñas, a la vez que ilustra claramente los desafíos que afrontara el proceso de paz en ese país.

En una sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Gilmore presentó su evaluación del país sudamericano sobre la implementación del acuerdo de paz, suscrito entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Recordó que ya el año pasado fueron asesinados en ese país 60 activistas y diez más en lo que va del año, por lo cual quiso destacar la importancia vital que tiene respectar los derechos de las víctimas del conflicto armado.

"Esto debe ser resuelto, como lo debe ser también la corrupción y la desigualdad en el disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales", declaró la alta funcionaria en la sesión del Consejo de Derechos Humanos.

Entre esos derechos mencionó las reparaciones y la rendición de cuentas ante la justicia de violaciones de los derechos humanos, necesario para la consolidación de la paz.

Gilmore consideró que el acuerdo final ofrece una plataforma ideal para abordar deficiencias estructurales, incluyendo la pobreza, la desigualdad y la discriminación.


Fuente: SemMéxico, Cd. de México

La maldita equidistancia

Últimamente y seguramente por cuestiones del azar, estoy escuchando y leyendo con demasiada frecuencia frases como "ni machista ni feminista, soy de personas", o "ni de hombres ni de mujeres, defiendo los derechos de los seres humanos en su conjunto", y ya comienzo a estar un poco harta.

Y lo estoy porque al igual en que entre un terrorista y sus víctimas no hay equidistancias tampoco la puede haber a la hora de posicionarse en la defensa de los derechos de las mujeres y de las niñas. 

Valga iniciar esta reflexión diciendo que por supuesto que estoy por la defensa de los derechos de todos los seres humanos y animales, faltaría más. Pero también por supuesto añado que de unos más que de otros.

Desde mi punto de vista, en la defensa de los derechos de las personas, nunca puede haber la misma distancia entre quien lo tiene todo y quienes apenas tienen para comer; entre quienes dictan las leyes con claros intereses partidistas en demasiados casos y entre quienes han de cumplirlas les gusten o no; entre la clase trabajadora y la patronal; entre el pueblo palestino y el gobierno sionista; entre el pueblo yemení y el gobierno de Arabia Saudí; entre los derechos de mujeres y niñas y los de los hombres.

Y no puede haber equidistancia porque siempre y en todos los casos que he nombrado y en otros muchísimos más hay quienes se llevan la peor parte y, por tanto entre quienes sufren las consecuencias de quienes ostentan el poder y los privilegios.

Los derechos de las mujeres y las niñas han sido pisoteados a lo largo de la historia por los hombres de toda clase y condición, llegando incluso a negarles durante muchos siglos su condición de persona. Aún hoy en día no es difícil escuchar noticias del tipo "Ha llegado una patera con once personas y cinco mujeres". Y este ejemplo es real. 

Que el patriarcado tiene la habilidad de camuflarse de cualquier manera para subsistir, es algo que ya sabemos. Pero la ofensiva que está llevando a cabo en estos momentos con temas tan sensibles como la paternidad mediante vientres de alquiler es alarmante. Y como siempre cuenta con el capitalismo y grandes medios de comunicación a su favor.

No crea que sea justo ni equitativo hablar de altruismo y de generosidad de las mujeres gestantes porque tienen que hacerlo como consecuencia de necesidades económicas. Mientras que los padres lo hacen por satisfacer su DESEO de perpetuar su linaje. Porque si realmente necesitan satisfacer su paternidad, la adopción de criaturas seria la opción más solidaria. 

Dicho esto, me resulta imposible empatizar como esta gentuza famosilla que impone de forma hegemónica sus deseos hechos realidad gracias a las necesidades de mujeres de otras partes del mundo. Y me resulta imposible porque evidentemente no soy equidistante entre las dos partes. 

Gente que pretende imponer un debate para que se legisle sobre cómo satisfacer un deseo personal a costa de la salud de las mujeres. Gente que con dinero cree que puede comprarlo todo, incluso "alquilando" vientres de mujeres. Gente caprichosa y despreciable a quien lo único que le importa es la satisfacción de sus deseos a toda costa. No, conmigo que no cuenten. 

El debate que han impuesto nace viciado para convertir en derechos lo que son solo deseos. Y ahí no puede existir equidistancia. La salud de demasiadas mujeres e incluso niñas está en juego.

El neoliberalismo patriarcal pretende pasar por encima de los derechos de las mujeres jugando torticeramente con el lenguaje y utilizando de forma interesada expresiones acuñadas por las feministas. Expresiones como "lo personal es político" o "mi cuerpo es mío" están siendo utilizadas para justificar su discurso patriarcal dando la vuelta a su sentido original. 

Es muy curioso ver como para impedir que las mujeres podamos interrumpir embarazos voluntariamente se nos intente despojar de nuestra capacidad de decisión sobre nuestro propio cuerpo, mientras que se nos devuelve toda esa capacidad de decisión cuando de satisfacer los derechos de paternidad de otros se trata. 

El debate de los vientres de alquiler está servido. Hay muchos intereses patriarcales de por medio. Y por supuesto mucho negocio. Pero al igual que ocurre con la prostitución, el patriarcado pretende convertir deseos en derechos y no duda ni un segundo en intentar apropiarse del cuerpo de las mujeres y las niñas. Aunque sea "alquilando" partes de este con tal de satisfacer esos deseos y seguir alimentando su "alter ego". Lo encuentran natural incluso. Y solo cuando esa "naturalidad" es cuestionada al poner los derechos de las mujeres al mismo nivel que los suyos, entonces sale en tropel la manada patriarcal clamando el mantenimiento de sus privilegios patriarcales de convertir en derechos lo que solo son deseos. 

No, no es posible mantener una equidistancia cuando los derechos de más de la mitad de la población están en juego. Pretender mantenerla es una perversa estrategia patriarcal que disfraza de generosidad y altruismo lo que en realidad son necesidades económicas de mujeres que no son libres para elegir gestar para otras personas con los riesgos para su salud integral que eso conlleva. 

Y esa perversa estrategia patriarcal está alimentada por un neoliberalismo feroz que no tiene límites a la hora de diseñar líneas de negocios rentables. Aunque la materia prima para esos negocios sean los cuerpos de las mujeres y de las niñas. 

Y lo mismo ocurre con el negocio de la trata de mujeres y niñas para su explotación sexual en donde tampoco podemos ser equidistantes.

Los derechos de las personas por encima de todo y siempre, por supuesto. Pero de TODAS las personas. Y las mujeres y las niñas somos personas con derechos. 

Y en estos temas mantener equidistancia es alimentar al neoliberalismo patriarcal más perverso que utiliza nuestros cuerpos para sus negocios. Porque allá donde existe necesidades por cubrir no existen libertades plenas para decidir. 

Teresa Mollá Castells
tmolla@telefonica.net
La Ciudad de las Diosas

            

marzo 26, 2017

Selma James,estandarte mundial de la lucha feminista y fundadora de la campaña internacional de salario por trabajo doméstico “Tenemos que avanzar hacia un feminismo para todas”

Posicionada con el Paro de Mujeres del 8-M, Selma James dialogó desde Londres con PáginaI12.
Selma James acuñó a nivel mundial el concepto de trabajo no remunerado en el hogar. Coordina la ONG Global Women’s Strike (Huelga Internacional de Mujeres). Su experiencia de sesenta años de militancia en diálogo con PáginaI12.

Selma James bromea y subraya que tiene casi tantos años de vida como de activismo feminista. Sin eufemismos, la fundadora de la Campaña Internacional de Salario por Trabajo Doméstico (1972), junto a otras reconocidas del feminismo como la italiana Silvia Federici, habla de la explotación, la esclavitud y la violencia del maridaje capitalismo-patriarcado. Días antes al Paro Internacional de Mujeres, con un entusiasmo renovado por lo que observa como el crecimiento de un feminismo de base, James dialogó con PáginaI12 sobre desafíos para el movimiento y los sesenta años de militancia que recorre en su último libro. 

–¿Cómo surgió la idea de publicar su último libro Sexo, raza y clase?

Por Ximena Schinca–Cada uno de los artículos de la antología (Sex, race and class, Merlin Press, 2012) los escribí para tratar un problema político del movimiento feminista. Hace tiempo que estoy en este mundo, y hace tiempo que estoy en el movimiento también. El primer texto, titulado “El lugar de una mujer” (1952), fue lo primero que escribí en mi vida y lo hice como panfleto político. Luego, en los años 60 y 70, existía una competencia entre los movimientos por determinar quienes sufrían mayor explotación, si las mujeres, si la población negra o la clase trabajadora. Yo pensé que, en principio, muchas veces se trata de la misma gente, pero además se trata de una competencia promovida por quienes tienen ambiciones personales dentro del movimiento y aspiran a lograr credibilidad como resultado de sufrir mayor explotación. Entonces, quise señalar que había una relación de poder incluso al interior de la clase trabajadora. No somos iguales: las mujeres hacemos dos tercios del trabajo no remunerado y los hombres solo un tercio; las mujeres negras obtienen remuneraciones más bajas todavía y sufren más problemas si son madres; las ancianas, tenemos problemas incluso en cuanto a nuestro derecho a existir. Entonces, son éstas las relaciones de poder que debemos abordar si queremos construir el movimiento que gane en la lucha contra la desigualdad.

–Usted se define como parte de un feminismo diferente. ¿Qué clase de feminista es Selma James?

–Nosotras fuimos parte de “un feminismo para el 99 por ciento” antes de saberlo. En Estados Unidos y en muchos otros países, se está dando una renovación en el movimiento que se define a sí misma como “feminismo para el 99 por ciento”; es decir, el número exacto que incluye la vida de mujeres reales en los países industrializados, pero también en los llamados países del Tercer Mundo. Muy poco de todas esas vidas estaba expresado, representado, confrontado e incluso mencionado por el movimiento de finales de los años 60 y principios de los 70. Así, mientras la mayoría de nosotras que realizamos una enorme cantidad de tareas de cuidado (en Inglaterra, el 80 por ciento de las mujeres son madres, y esa es sola una parte del trabajo de cuidado que hacemos las mujeres), quedaba excluida en ese feminismo que solo denunciaba el conocido techo de cristal (glass ceiling). Siempre somos las mujeres quienes nos ocupamos de los ancianos, de la tía que está en problemas, del vecino que necesita ayuda. Somos el servicio social que nunca se reconoce como tal, realizamos más atención y prevención en salud que cualquier servicio médico. Las mujeres hacemos también una inmensa cantidad de trabajo de justicia cuando luchamos por quienes amamos; las Madres de Plaza de Mayo son un ejemplo perfecto de ese trabajo de verdad y justicia que hacemos por quienes amamos, un ejemplo de cómo las mujeres siempre inventamos modos de lucha y nos reunimos para trabajar juntas por la transformación. Todo eso que hoy empieza a ganar espacio en las luchas del movimiento estaba excluido de aquel feminismo de reivindicaciones muy reducidas. 

–¿Qué reconocimiento tiene hoy ese trabajo que hacemos las mujeres? 

–Las mujeres no recibimos ni remuneración ni reconocimiento ni recompensa alguna por ese trabajo todavía. No se reconoce que ese trabajo es crucial no sólo para los individuos que reciben el cuidado, sino que es fundamental para sostener una sociedad. Así y todo, se lo trata como si no valiera nada; si las mujeres deben trabajar en un supermercado o limpiar el baño de otra persona, se considera que están contribuyendo a la sociedad, pero si se ocupan de sus propias hijas e hijos, se las considera improductivas, se las condena a vivir en la pobreza o a cumplir jornadas interminables por salarios miserables. Es esa falta de protección hacia las cuidadoras, esa pobreza de las mujeres y esa cantidad de trabajo que la pobreza significa para todas nosotras, lo que no ha sido el marco del feminismo. Mientras en los talleres clandestinos de Bangladesh, Tailandia y el Sudeste asiático, millones de mujeres trabajan por salarios de esclavitud, sus madres cuidan de sus hijos y las jornadas son interminables, el movimiento no atacaba esa pobreza como enemigo principal. 

–¿Las últimas movilizaciones en Argentina de #NiUnaMenos, en Estados Unidos, Corea, Polonia, son la expresión de una nueva ola del feminismo?

–El movimiento latinoamericano ha arrancado muy bien al atacar la pobreza como el principal enemigo de las mujeres. Dependerá de nosotras lograr que esa masividad y ese crecimiento exprese y represente un movimiento de base sostenido en todas esas luchas en las que las mujeres estamos implicadas. 

Desde este nuevo feminismo, vemos, por ejemplo, que muchas mujeres eligen el trabajo sexual como estrategia para evitar el trabajo en talleres clandestinos. Esa también es nuestra lucha porque infringe lo que se espera de las mujeres. Esas mujeres están siendo perseguidas porque obtener buenos ingresos las convierte en “malas mujeres”. 

–¿Cómo observa el crecimiento sorprendente que han tenido los reclamos feministas en los últimos años? 

–Hubo mucha preparación invisible, años de preparación, antes de que este movimiento estalle. Las mujeres estamos involucradas en todo tipo de luchas colectivas, algunas más grandes y otras más pequeñas. En la base de esas luchas y de las personas que más aprenden de ellas, están las raíces de este movimiento que surge y que se seguirá desarrollando a lo largo de muchos años. Estamos hablando de mujeres que han aprendido a brindar a otras confianza en sí mismas a juntarse, correr sus propios egos del camino y reunirse con otras personas en esos aspectos de la vida que comparten con otras, incluyendo que son parte de una comunidad en el trabajo o fuera de él. El movimiento aparece milagrosamente, pero de hecho la gente se ha estado entrenando a gran escala. Y todo el mundo se va educando en la participación del movimiento. Por eso, debe continuar alimentándose de esa participación y evitar que ambiciones personales y de grupos políticos saqueen, en beneficio propio, lo que se ha construido con mucho esfuerzo.

–¿Qué tipo de liderazgo debería promover un feminismo del 99 por ciento? 

–Muchas veces, los puntos de referencia que van surgiendo se debilitan cuando son extraídos de sus comunidades y aislados de los impulsos y el poder que los ha visibilizado. Si el liderazgo no implica “traición”, es vital que continúe enraizado a sus propias fuentes de respuestas, ideas y maneras de hacer las cosas, siempre dispuesto a escuchar otros sectores y hacer unidad con la mayor cantidad de sectores posibles. En Estados Unidos, nuestro modelo de liderazgo fue Fred Hampton. Lo que Hampton hizo nunca se describió porque reclama del liderazgo la responsabilidad con la que debe comprometerse y que el establishment esconde y aniquila.

–Las mujeres lograron acceder a posiciones de poder impensadas. ¿Cómo evalúa el desempeño de las mujeres en estos nuevos espacios?

–Tendemos a pensar que las mujeres con más poder saben cómo hacer las cosas. Muchas veces nos convencen de que son ellas las que deberían ascender, y una vez que ascienden, ellas mismas culpan al glass ceiling (techo de cristal) por esa desigualdad –que ellas no logran transformar y que se expresa en diferentes terrenos–. El problema no es el glass ceiling sino el class ceiling (techo de clase); y que una vez que rompen ese techo de clase y ascienden, se olvidan de dónde vienen y comparan sus progresos con lo que tienen los hombres, en lugar de dar pelea por todo lo que las otras mujeres no tienen; y en lugar de decir que están en una posición mucho mejor, sostienen que no tienen tanto poder como los hombres y pierden su compromiso hacia ese movimiento de base. Todavía no encontramos la manera de que se mantenga el compromiso con las bases, pero ese no es un problema del movimiento de mujeres solamente, sino también de todos los movimientos. Anti-racistas, pacifistas, sindicatos; en ninguno de esos casos, las bases logramos mantener el control sobre lo que sucede más arriba. Cuando el movimiento comenzó en los años 70, la mayoría de nosotras estábamos convencidas de que había que destruir las jerarquías de género, raza y clase. Estábamos contra el capitalismo. Cada vez más, en lugar del ascenso de las mujeres como colectivo y la abolición de jerarquías, el objetivo fue el ascenso individual de algunas mujeres a espacios de poder en política, juntas directivas, o liderando las fuerzas policiales y de seguridad del imperialismo. Ahora esas mujeres son parte de ese 1 por ciento que gobierna al resto de nosotras, y con suerte, también a los hombres. Por eso, el único modo de mantener el control es que más mujeres nos impliquemos activamente y actuemos en representación propia. No hay otra solución. El movimiento debe ser cada vez más amplio, y los liderazgos deben encarnarlos quienes rindan cuentas a las bases.

–El Gobierno argentino no ha respondido a los reclamos del movimiento de mujeres, los femicidios siguen en aumento y la movilización social crece. ¿Es ésta una respuesta extendida a los gobiernos neoconservadores?

–Lamentablemente, eso es verdad en todas partes. También sucede en Inglaterra, donde todas las semanas dos mujeres son asesinadas por su pareja o ex pareja. Y parte de que eso sea posible es que no se valora lo que las mujeres hacemos por la sociedad, y los gobiernos creen que pueden escabullirse haciendo nada o muy poco. Entonces los gobiernos tienden a irse hacia la derecha, pero los movimientos se mueven hacia la izquierda y están creciendo. Y son los movimientos los que pueden producir los cambios. Por eso, es muy alentador ver también que el feminismo de Estados Unidos, al menos hasta el momento –y nosotras las estamos observando muy de cerca–, está poniendo al poder detrás de las bases porque un feminismo del 99 por ciento es hacia donde tenemos que ir. También es alentador que la respuesta a Donald Trump haya sido contundente en su propio país.

–¿Qué debería hacer el Estado frente a los femicidios y qué rol debieran asumir los hombres en las demandas de las mujeres?

–Respecto a lo primero, creo que algunos hombres deben ser arrestados, juzgados y recibir condenas severas para que quede absolutamente claro que el gobierno no tolera ese tipo de violencia. Pero además debemos decirle a los hombres que son ellos los que deben disciplinarse entre sí. Los hombres deben rechazar a aquellos otros que son violentos con las mujeres. Hemos observado experiencias en las que los hombres fueron los que pusieron el límite a sus propios pares, y no con más violencia, sino simplemente negándose a mantener intercambios o relaciones con esos hombres violentos. En esos lugares, la violencia contra las mujeres disminuyó notablemente. 

–Usted ha elogiado el gobierno de Hugo Chávez. ¿Cómo evalúa la relación del ex presidente de Venezuela con el movimiento de mujeres? 

–Chávez fue un líder político extraordinario, un gran hombre, una persona muy solidaria con las mujeres y que siempre expuso nuestras denuncias. Fue muy respetuoso de las mujeres como madres y tenía una broma muy graciosa sobre las más adultas, decía que habíamos “acumulado años”. Nosotras lamentamos muchísimo su pérdida porque tuvimos la posibilidad de observar cómo las mujeres de Caracas habían organizado todo tipo de servicios, no solamente comedores, sino también de cuidado, educación y salud. Todo estaba financiado por el gobierno. 

–¿Existe un nueva ola del feminismo más cercana a los gobiernos populares latinoamericanos que a los liberales europeos? 

–Yo siempre me identifiqué con el feminismo de Virginia Woolf y Eleanor Rathbone, por su trabajo para la autonomía económica de las mujeres. Rathbone promovió subsidios para las mujeres de modo tal que todas las semanas recibieran dinero por cada hijo. Luchó por eso durante 40 años, y lo logró en 1948. Virginia Woolf también estaba a favor de un salario digno para las mamás. Pero, el feminismo en general, aun cuando peleaba por los derechos de las mujeres, no estaba interesado en las mujeres de base y siempre fue muy hostil a remunerar el trabajo en el hogar porque temía que las mujeres fuéramos “institucionalizadas” en nuestras casas. Nosotras creemos que si estamos sin dinero en nuestras casas o donde sea, lo que se está institucionalizando es la pobreza de las mujeres. Por eso, en los movimientos de los que participo reclaman dinero por el trabajo que hacemos las mujeres. El feminismo oficial, el que llegó a puestos del Estado, el corporativo y el neoliberal, nunca exigieron dinero para las mujeres, ni siquiera por la igualdad salarial. Como mucho, reclamaron por el derecho al aborto. Y el derecho al aborto, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, es nuestro y de nadie más, pero no es el único. Nuestros derechos no pueden limitarse a no tener hijos, también está el derecho a los hijos que queremos tener y no podemos mantener, el derecho a nuestro tiempo para amamantar, a estar con ellos en los primeros años de vida si así lo queremos. Por eso, nuestro principal reclamo es el de un salario digno para madres y cuidadoras. Tenemos que pelear por esos derechos también. Nosotras debemos ser prioridad; no nosotras como mujeres, sino nosotras como cuidadoras. Tenemos la esperanza de que los hombres sean cuidadores también como parte de una trama social porque solo una sociedad solidaria puede sobrevivir. No hay modo de que sobrevivamos si no nos ocupamos de nuestro entorno, nuestra sociedad, nuestros seres amados, y si la sociedad y quienes nos aman no nos cuidan a nosotras.

–¿Cómo se prepara para este 8 de marzo en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora? 

–Con este paro internacional estamos empezando a recordar la historia de las mujeres y las huelgas en las que hemos participado las mujeres. Nosotras convocamos al paro y la movilización bajo la consigna “inviertan en cuidado, no en muerte”. Además vamos a realizar acciones diversas, como piquetes en los tribunales que están apartando a las madres de sus hijos porque no tienen recursos para sostenerlos económicamente. Y para nuestro movimiento, el reclamo por un salario digno por el trabajo en los hogares sigue siendo una prioridad.


Por Ximena Schinca
Fuente: Página/12