julio 25, 2017

Países Escandinavos, líderes en igualdad de género y … en violencia sexual contra las mujeres


En un artículo desarrollado por Bettina Arndt, una reconocida comentarista social con estudios en la Universidad de New South Wales, se analiza cómo las políticas de género elaboradas en Suecia para tratar la llamada violencia de género vienen siendo criticadas por no haber obtenido avances significativos. En esta nota les presentaremos los datos más importantes.

“Sabemos, gracias a una práctica y experiencia extensa, que los intentos para solucionar el problema de la violencia doméstica a través de este tipo de análisis han fallado. Y fallaron precisamente porque la violencia no es y nunca ha sido un problema de género”, dijo Eva Solberg, política sueca, feminista y presidenta del partido Moderate Women, en respuesta a la política del gobierno sueco que sostenía que la solución al problema de violencia doméstica era erradicar el sexismo.

“Gracias a una investigación extensa en el campo, nivel nacional e internacional, sabemos que este grieta por sexo simplemente no es cierta”

Solberg criticó un informe del gobierno en el que se trataba a uno de los sexos, el masculino, como el sexo culpable y al otro como inocente. Dijo: “Gracias a una investigación extensa en el campo, nivel nacional e internacional, sabemos con gran certeza que este quiebre por sexo simplemente no es cierto”.

Para llegar a esta conclusión, la política sueca invocó los resultados encontrados en la la base de datos de investigaciones sobre violencia de pareja más grande del mundo, el proyecto Partner Abuse State of Knowledge (PASK), que resume más de 1700 trabajos científicos sobre el tema.

Solberg mencionó que uno de los patrones más importantes identificados por el PASK era que la violencia en la familia era un problema heredado y los niños la aprendían al verla en ambos padres.

Bettina Arndt considera que resulta irónico que esto pase en Suecia, la utopía de la igualdad de género. Para la autora es extraordinario que el análisis de género de la violencia doméstica se haya mantenido en Suecia, dado que las mujeres nórdicas experimentan la peor violencia física o sexual de la Unión Europea a pesar de que los países escandinavos son los líderes mundiales en igualdad de género (como lo muestra el índice de brecha de género del 2014 del Foro Económico Mundial).

Resulta interesante saber que el gobierno sueco gastó al menos 700,000 dólares en fondos para investigación y producción de una campaña para la concientización de la violencia doméstica, y que consistía en publicidad en la que se retrataba a los hombres como bestias y a las mujeres como víctimas. Lo cual de hecho fue celebrado por el Primer Ministro sueco, Malcom Turnbull, según Bettina Arndt.

Dicha inversión resultaría lógica si se considera lo expresado por el exdirector del Instituto Australiano de Criminología, Adam Graycar: “Más de la cuarta parte de los jóvenes en Australia ha presenciado un incidente de violencia física o doméstica contra su madre o madrastra”.

Dicha frase fue escrita en el preámbulo de un trabajo de 2001 sobre la violencia doméstica y la juventud llamado “Young Australians and Domestic Violence, a brief overview of the much larger Young People and Domestic Violence study”.

Sin embargo, Graycar no llegó a mencionar que, si bien el 23% de jóvenes era consciente de la violencia contra su madre o madrastra, el 22% de los jóvenes también era consciente de la violencia domestica contra sus padres o padrastros de parte de sus madres o madrastras. Esto lo mostraba el mismo estudio mencionado por Graycar.


Este tipo de omisiones se ha generalizado y se han ido minimizando las estadísticas que demuestran el rol de las mujeres en la violencia familiar, mostrando únicamente evidencia de agresiones masculinas. Por ello, Bettina Arndt considera que no estamos frente a una epidemia de violencia doméstica, lo mismo que corrobora Don Weatherburn, director de la Oficina de Estadísticas e Investigación del Crimen en el Estado de Nueva Gales del Sur.


Una de cada cien mujeres experimenta violencia física de sus parejas, no una de cada tres como dicen las estadísticas

Las estadísticas más recientes de la Encuesta de Seguridad Personal (ESP) de la Oficina Australiana de Estadísticas muestra que una de cada cien mujeres experimenta violencia física de sus parejas. No obstante, dicho porcentaje es muy diferente al de las usuales cifras sacadas a relucir, respecto a que una de cada tres mujeres es víctima de violencia. Esta cifra es engañosa porque no se refiere a violencia doméstica.

Estas estadísticas son tomadas de la Encuesta de Seguridad Personal, y hacen referencia a la proporción de mujeres adultas que han experimentado cualquier tipo de violencia física.

Y no solamente de violencia por la pareja o violencia doméstica, sino de todo incidente agresivo, incluso los que incluyen a perfectos extraños. Asimismo, se incluyen incidentes de mujeres adultas ocurridos durante toda su vida, por lo que el acto de violencia pudo haber tomado lugar hace más de 50 años.

Y eso que la cifra equivalente para los hombres es peor: uno de cada dos.

Fuente: Actuall

Atlas de Género

En América Latina y en particular en México, existe un amplio desarrollo de información estadística con perspectiva de género, que permite hacer visibles las diferencias que existen entre las condiciones sociales, económicas y demográficas de las mujeres y de los hombres.

El Atlas de Género, tiene como propósito reunir algunos de los indicadores más sobresalientes, para hacer visibles no sólo las diferencias de género sino también las diferencias adicionales derivadas de su ubicación geográfica en las entidades federativas del territorio nacional. De manera sencilla se accede a mapas que muestran el comportamiento de indicadores demográficos, sociales, trabajo, uso del tiempo, emprendimiento, pobreza, toma de decisiones y violencia contra las mujeres, relacionados con los derechos humanos y con temas de interés para las políticas públicas orientadas a la igualdad sustantiva de género y de orden regional.

Este Atlas de Género se presenta en una plataforma informática de fácil acceso y comprensión de los temas que se abordan. Contiene los datos y refiere las fuentes de los indicadores que se presentan en los mapas. Cada mapa expresa el comportamiento de un indicador a partir de la elaboración de estratos, utilizando la metodología de Dalenius-Hodges, con lo que se subrayan las diferencias regionales. Debajo del mapa se encuentra una gráfica de barras con los valores más grande y más pequeño del indicador.

La información de esta etapa de inicio del Atlas de Género se actualizará y se ampliará de manera permanente, tomando en cuenta las propias actualizaciones de las fuentes de información y de nuevas estadísticas así como la planeación nacional y los programas y políticas gubernamentales y los acuerdos internacionales vinculados al empoderamiento de las mujeres y a la igualdad entre las mujeres y los hombres.




Fuente: http://gaia.inegi.org.mx/atlas_genero/

julio 24, 2017

Estado salvadoreño continúa encarcelando a mujeres por aborto


Dos mujeres prenden velas ante el monumento a la Constitución, en la capital de El Salvador, durante una manifestación de protesta la noche del 10 julio, contra la condena a 30 años de cárcel de la joven Evelyn Hernández, acusada de haberse practicado un aborto. Crédito: Edgardo Ayala/IPS

La condena a 30 años de cárcel impuesta a Evelyn Hernández por un caso de aborto, producto de una violación, deja de nuevo al descubierto la persecución que sufren muchas mujeres en El Salvador, por parte de un Estado que en lugar de brindarles asistencia médica, las criminaliza, dijeron activistas a IPS.

“Lo que pasó con Evelyn es como muchísimos otros casos, y que solo demuestra la deuda que este sistema tiene en salud, educación y acceso a justicia, para y con las mujeres”, dijo a IPS la activista Irma Estrada, durante una concentración la noche del 10 de julio, convocada por colectivos feministas para apoyar a Hernández, al pie del monumento a la Constitución en San Salvador.

“Siento vergüenza, en pleno siglo XXI esto no debería estar pasando, esto tiene un trasfondo más nefasto, se trata de un estado sexista, machista, misógino, que lo demuestra con este tipo de acciones en contra de las mujeres”, agregó la activista, luego de corear consignas que hacían alusión a cómo la legislación en temas de aborto se ha visto influenciada por radicalismos religiosos de variados credos.
“Estamos hablando de un sistema que criminaliza a las mujeres y no a cualquier mujer, sino a mujeres pobres, jóvenes, con poco acceso a educación o a servicios de salud”: Marcela López.




“Tu doctrina, sácala de mi vagina”, gritaban las mujeres congregadas.

El caso de Hernández ha puesto de nuevo a este país centroamericano, de 6,3 millones de habitantes, en la mira de organizaciones feministas y de derechos humanos que mantienen desde hace varios años una lucha por modificar la legislación que penaliza la interrupción del embarazado en todas sus formas.

El Salvador está entre los ocho Estados del mundo que prohíben el aborto, incluso en los casos de violación, cuando está en riesgo la vida de la madre o hay malformación fetal, desde que en 1998 la Asamblea Legislativa modificó el Código Penal para castigar con cárcel a las mujeres por la interrupción voluntaria del embarazo.

Los otros son El Vaticano, Haití, Honduras, Malta, Nicaragua, República Dominicana y Suriname, pero ninguno es tan draconiano como El Salvador en la aplicación de la ley contra el derecho a decidir de las mujeres, incluso cuando existen claros indicios de que el aborto fue espontáneo.

La reforma de hace 19 años eliminó esas tres causales que existían en la legislación para que la interrupción voluntaria del embarazo no tuviera pena de prisión.

“Hay un retroceso, en 1998 se podía tener un aborto si la vida de la gestante estaba en riesgo, vamos para atrás”, añadió la activista.

Además, los diputados de la Asamblea Legislativa reformaron en 1999 la propia Constitución salvadoreña para establecer que una persona es reconocida como tal desde el mismo momento de la concepción, un objetivo anhelado por grupos religiosos y organizaciones antiaborto.

“En El Salvador sí hay línea muy conservadora (en el tema de aborto), incluso dentro de los partidos, aún hay diputados cuya propuesta es aumentar las penas e imponer pena de muerte”, sostuvo Sara García, integrante de la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico.

Esa situación no ha variado pese a que desde 2009 gobierna el país un partido de izquierda, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), aunque algunas de sus diputadas sí han planteado flexibilizar la penalización absoluta del aborto.

El 5 de este mes, Hernández, una joven de 19 años, fue condenada a 30 años de prisión por homicidio, figura usada por los fiscales para inculpar a mujeres acusadas de aborto, y que luego cambian el delito a homicidio agravado, bajo la acusación de haber asesinado premeditadamente al feto.

Las penas por interrumpir el embarazo no sobrepasan los ocho años de cárcel, pero al culparlas del delito de homicidio agravado se ha sentenciado a mujeres hasta a 40 años.

“Estamos hablando de un sistema que criminaliza a las mujeres y no a cualquier mujer, sino a mujeres pobres, jóvenes, con poco acceso a educación o a servicios de salud”, aseguró a IPS la coordinadora de proyectos del Movimiento de Mujeres Jóvenes Feministas Ameyalli, Marcela López.

Como ha sucedido ya a muchas otras mujeres, Hernández sufrió un aborto espontaneo en su vivienda, en el municipio rural de El Carmen, en el central departamento de Cuscatlán, y fue llevada al hospital de Cojutepeque, su capital.

Pero allí el personal médico la denunció por sospechas de haberse inducido un aborto, un patrón que se ha repetido en casos similares en el pasado, pues los médicos y enfermeras tienen temor de que sean acusados de encubrimiento por la Fiscalía General de la República.

La joven había sido violada por un pandillero pero ese hecho no quedó registrado en el proceso legal porque ella teme represalias de esos grupos criminales, llamados “maras”.

Una actualización hecha en 2014 del informe titulado Del Hospital a la Cárcel, elaborado por Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto, revela que entre el 2000 y 2014 un total de 147 mujeres fueron procesadas por el sistema judicial salvadoreño por ese tipo de casos. De ese total fueron condenadas 41 por ciento.

El reporte agrega que la investigación no pudo identificar otros posibles impactos, como por ejemplo las muertes de mujeres por embarazos de alto riesgo, tales como ectópicos, cardiopatías graves, cáncer, lupus, que pudieron ser evitadas con una interrupción oportuna del embarazo.

Las mujeres procesadas por el sistema, agrega el documento, tienen un nivel de escolaridad muy bajo: 45 por ciento son analfabetas o tienen como máximo educación primaria, y solo 29 por ciento posee estudios a nivel de bachillerato, técnico o universitario.

De allí que las organizaciones de derechos humanos y grupos feministas resalten el hecho de que la persecución del Estado en el caso de abortos se da fundamentalmente contra mujeres pobres y con poca educación.

El equipo de abogados que trabaja en el caso de Hernández, con el apoyo de la Agrupación Ciudadana, anunció el jueves 13 que apelarán el fallo de la jueza de Cojutepeque, Nury Velásquez, que condenó a la joven, luego de que reciban, el 19 de julio, la resolución escrita.

La apelación hará hincapié en la figura legal de duda razonable, dada la cantidad de evidencia aportada por la defensa que desvirtuaría la posición de los acusadores, ya que los reportes forenses no establecen la causa de la “neumonía aspirativa” que produjo la muerte del feto.

Además, en el proceso quedó establecido, con reportes técnicos, que la joven condenada sufría de un embarazado asintomático y estaba menstruando, lo que confirmaría la posición de los abogados defensores de que ella no sabía que estaba embarazada.

En tanto, otra mujer que sufrió el extremo rigor del sistema jurídico, María Teresa Rivera, contó a IPS que salir de El Salvador significó para el ella el fin del temor a ser perseguida por leyes injustas.

“Aquí me siento feliz, libre, sin persecución ni discriminación, estoy lejos de El Salvador”, dijo en un contacto telefónico desde Suecia, nación que en marzo pasado le otorgó asilo político.

“Me lo dieron bajo la figura de persecución jurídica”, agregó, desde la ciudad de Horndal, donde reside con su hijo de 12 años desde hace ocho meses.

El 24 de noviembre del 2011, cuando tenía 28 años, Rivera sufrió un aborto espontáneo, y, de nuevo, fue denunciada por el personal médico y condenada a 40 años de cárcel.

Tras cuatro años y medio de encierro, su caso fue revisado y finalmente fue encontrada inocente y puesta en libertad, en mayo del 2016. Pero dos semanas después los fiscales interpusieron una apelación.

“Yo me decía: en cualquier momento me van a llevar de nuevo a la cárcel”, narró. Y con el apoyo de organizaciones y amigos, logró huir del país.

Editado por Estrella Gutiérrez
Fuente: IPS

Inversión en mujeres, clave para alcanzar Objetivos de Desarrollo Sostenible

El contexto en el que vivimos es uno lleno de conflictos y extremismo dentro de muchos países: Amina Mohammed

Alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 no será posible si no se invierte más en las mujeres, afirmó la vicesecretaria general de la ONU, Amina Mohammed.

Durante su visita Abuja, capital de Nigeria, agregó que el mayor capital de los países son los recursos humanos, “y las mujeres somos la mitad de ellos, pero carecemos de las inversiones que se necesitan”.

Mohammed efectuó reuniones de alto nivel en conjunto con la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, y otras altas funcionarias de la organización mundial para discutir sobre temas de paz, seguridad y desarrollo, con énfasis en los derechos de las mujeres y su fortalecimiento.

“No lograremos alcanzar nuestras metas económicas y de estabilidad y paz si sólo invertimos en la mitad de la población”, advirtió.

La vicesecretaria declaró que el camino hacia el desarrollo sostenible se ha vuelto más complejo en los últimos años, y que los ODS que buscan acabar con la pobreza y proporcionar educación para todos son muy importantes, pero también hay que tener en cuenta nuevos factores.

”El contexto en el que vivimos es uno lleno de conflictos y extremismo dentro de muchos países, en particular Nigeria. Lo que realmente deberíamos hacer es escuchar y compartir los mensajes de las mujeres que toman decisiones y las que llevan la carga de muchas de las tragedias que vivimos para así encontrar una solución”, subrayó.

Consideró que hay que crear una asociación constructiva para buscar respuestas y llegar al desarrollo sostenible, agregó.

Mohammed destacó que hacer énfasis en los derechos y el papel de las mujeres es también una parte vital para el desarrollo económico mundial.


Fuente: SemMéxico

julio 23, 2017

La cámara salvaje

Las imágenes que la mexicana Maya Goded captura con su lente descorren el telón a una tragedia de las mujeres en un territorio brutal que las devora para condenarlas, desaparecerlas o prostituirlas y que ella intenta reconstruir con urgencia entre los claroscuros de tanta memoria rota.



Maya pregunta a una madre de Ciudad Juárez, México: “¿Cuánto tiempo lleva buscando a su hija?”. La madre responde: “Más de diez años. Siempre pensé que iba a volver, de la nada, en un taxi.”. También habla con un hijo de desaparecida por trata de personas. El niño le pregunta: “¿Pensás que en el asiento de la camioneta hay una mujer que la están matando?”. Las desapariciones y asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez tuvo su primera víctima en 1993 y en lo que va del año ya son 459 casos. Durante 2016 los casos de femicidios en México fueron 1985, según María Salguero, geofísica y activista mexicana y creadora de un mapa interactivo (https://feminicidiosmx.crowdmap.com) que registra los asesinatos de mujeres en territorio mexicano. Maya Goded también armó su propio mapa de México, donde documenta fotográficamente las historias de mujeres que viven en la marginalidad, como en su trabajo sobre la prostitución, “La plaza de la soledad”, con mujeres brujas, trata de personas o aquellas que desaparecieron en Ciudad Juárez. El femicidio la atraviesa y ella tiene como bandera visibilizarlo. 




De paso por Buenos Aires, fue invitada por la Subcooperativa de fotógrafos para el taller “Documentar con perspectiva de género”, en el marco de la marcha de Ni Una Menos, el 3 de junio. Sus trabajos con temática de género calan hasta el hueso, como “Welcome to Liptick”, la zona de tolerancia de México que limita con Estados Unidos, donde viven 50 mujeres “sexo-servidoras”, en zona liberada por el narcotráfico, sin escapatoria de la heroína ni de hombres y tratantes. 

“Comencé a trabajar el tema de la prostitución cuando quedé embarazada, hace ya veinte años, y en estos últimos tres años trabajé en el documental La plaza de la soledad. Todo ese trabajo es en defensa de las mujeres y los derechos que exigen, porque son ellas quienes saben cómo es la ley de la calle y porque además no soy quien para andar juzgando cómo llevan su vida. Una de las protagonistas, Ester, fue abusada por toda su familia. Se escapó de su casa a los 8 años para vivir en la calle y el único sustento económico que encontró fue prostituirse. Ahora está en pareja con una trans, con la que también comparte la calle. Pero además se convirtió en una gran activista por los derechos de las mujeres prostitutas.”

En el documental muestra la vida de tres prostitutas mayores que no se ajustan al modelo de belleza que dicta el mercado. “Es muy raro ver en cine a mujeres mayores teniendo sexo”, advierte. “Molesta, y cuando molesta hay que visibilizarlo.”




Las mujeres de sus fotografías viven en el límite, como “Las Brujas” del norte de México y que Maya las visitó tiempo después de trabajar con desaparecidas. “Necesitaba sanarme y de allí salió mi trabajo Tierra de brujas. No son curanderas ni indígenas; toda la ciudadanía les consulta y sin embargo son condenadas socialmente. Repiten, como las trabajadoras sexuales y las mujeres desaparecidas, una condición de marginalidad, pero a la vez son necesarias para la sociedad patriarcal.”

Con los años, Maya entendió que siempre contaba estas historias “por la violencia oprimida” que existía en su familia. “Crecí dudando dentro del murmullo familiar si lo que se comentaba era verdadero o mentira, y con la fotografía no hay chance de dudar sobre lo que veo, lo tomo y lo vuelvo a mirar mil veces para creerlo, porque es la verdad.” En ese recorrido la fotografía le permite vivir las realidades de otras mujeres armando una hermandad que las hace fuertes. “El camino es lo que más me interesa.”, sostiene esta feminista que educa a sus hijos a conciencia del lugar que ocupa la mujer en este mundo. “Un lugar respetuoso y fuerte, pero donde seguimos cobrando muy por debajo de los varones. En México, por ejemplo, las grandes empresas automotrices como General Motors, contratan a mujeres porque dicen que son más delicadas para trabajar con las manos.” 

En la movilización de Ni Una Menos del 3J, Maya observó emocionada una fiesta que la impulsó a tejer alianzas con las argentinas en una lucha que considera latinoamericana, aunque admite que México todavía no aglutina la unión por los derechos de las mujeres. “No hay un discurso unificador. Pero que seamos nosotras quienes llamamos a la no violencia es doblemente valorable, porque el patriarcado está lleno de violencia. Y desde ahí viene un llamado profundo a cambiar al patriarcado.” ,

Trabajo realizado en el taller “Documentar con perspectivas de género”. https://issuu.com/subcooperativa/docs/fanzine_issue 

Fuente: Página/12

Lady Macbeth: la furia de los oprimidos

“Psicópata” o “asesina inmoral” son algunas de las flores que le han dedicado los críticos. Pero la protagonista de la película de Oldroyd parece más una hipérbole de la ira desatada que subyace en la represión de nuestras sociedades, ¿quizá por eso se asusta tanto?

Florence Pugh interpreta a Lady Macbeth
Florence Pugh interpreta a Lady Macbeth.

Contaba el relato de Las zapatillas rojas que una anciana con carroza dorada recogió a una niña que vivía en el bosque, asilvestrada, como un lobo. La lavó, la peinó, la vistió impecablemente y arrojó al fuego las andrajosas zapatillas rojas que la niña se había cosido para correr por el monte. Con ellas, se acabaron también sus juegos y sus risas, los aromas y sonidos que la advertían de la tormenta o el depredador. Desapareció también la compañía de su sombra, esa que hace que no te sientas nunca sola. Y un hambre silenciosa se apoderó de la joven domesticada.

Solo hizo falta que saltara una chispa, unos zapatos rojos que le recordaron vagamente a aquellos perdidos, “brillantes como las frambuesas o las granadas” (¡tan inapropiados para ir a la iglesia!). Era tal su deseo que, al ponérselos, sus pies bailaban solos. Primero se los pondría a escondidas, pero muy pronto su adicción a ellos sería imparable y la locura se desataría. Los zapatos la hicieron bailar por las calles, a través de los campos llenos de barro, por las colinas y los valles bajo la lluvia. Cuando quiso ir en una dirección, sus zapatos la llevaron por otra. Quiso parar a descansar pero los zapatos no la dejaron. Pasó por su hogar y vio que la anciana que la adoptó había muerto y no pudo detenerse. Vio que un niño imploraba ayuda y pasó de largo. Pisoteó todo lo que se interpusiera en su camino, con su baile irrefrenable y aterrador.

Rojo sangre, como el deseo postergado. Y una grieta que lo despierta (esa grieta que aparece cuanto más rígido es el control). Así es el deseo de Lady Macbeth (Oldroyd, 2017), como lo fue el deseo de Emma Recchi en Io Sonno l’amore (Guadagnino, 2010), mayor y más roja su sangre, como la del parlamentario Stephen Fleming en Herida (Malle, 1992), como la de la doctora Carmichael en la magnífica serie Apple tree yeard (2017). Así es también la adicción narcisista de Brandom en Shame (McQueen, 2011), el profesional ambicioso y deshumanizado. Sin embargo, en el filme de Oldroyd (basado en el cuento ruso de Leskov, no en la novela de Shakespeare) llegamos a empatizar hasta tal punto con la joven-vórtice del huracán, porque la causa de la opresión a la que reacciona nada tiene que ver con ella. Su victimidad se muestra bien resuelta, impuesta por la sociedad en la que vive y aliñada por la frialdad de un marido igualmente reprimido. Es entonces, más como el deseo de la trágica Anna Karenina, rojo, como la nieve rusa teñida de sangre. Como el deseo de Lady Di estampándose contra los muros de un subterráneo que desveló para siempre la farsa de una monarquía hasta entonces intocable.

Cada plano resulta tan nítido como el relato de un cuento.

El instinto, esa llama salvaje, es la grieta de un sistema haciendo aguas, el extraño llamando a la puerta que señala en su última obra Zigmunt Bauman (2017). Pide paso en nuestras abotargadas y ‘civilizadísimas’ sociedades, llama iracundo para saldar las cuentas, tantas veces postergadas. Para rebelarse a la ausencia de cambio, a la falta de escucha de un sistema inaprensible, escondido en el doblez y la cháchara vacía y que ha pervertido todo significado. Se “ha despertado la bestia que dormitaba en el fundamento societal […] socavando todas las certezas racionales”, advertía el sociólogo Michel Maffesoli (2009) al estallar la crisis. No deberíamos asustarnos entonces del éxito de obras como 50 sombras de Gray o de la saga Crepúsculo en la que una adolescente prefiere morir antes de negar su deseo. No podemos asustarnos tampoco del ascenso americano de Trump y la ultraderecha francesa. Hitos que han dejado a tropas de sensatas feministas e intelectuales con dos palmos de narices. La animalidad desquiciada aflora por el miedo a una carestía a la que no estamos acostumbrados, pero también por la golosa y artificiosa mentira a la que nos vendimos, por el olvido de aquellos zapatos confeccionados a mano, por una vida construida sobre la distracción de lo que realmente somos. No solo la impuesta por los poderes fácticos, sino por esa mentira que nos ponemos a cuestas cada día que salimos por la puerta con ganas de morir.

Cada línea, cada plano, cada texto de la película de Oldroyd resulta tan nítido como el relato de un cuento. Tan naturalmente terrorífico también. Una impecabilidad estética que resalta todavía más el exuberante desorden que acaba desatándose. En el relato original de Leskov, Lady Macbeth de Mtsensk (en el que se inspira también la ópera de Shostakóvich), la protagonista, fiel a la literatura rusa del XIX, se rinde y acabará tirándose al mar llevando, además, con ella a otra mujer. En el cuento de Las zapatillas rojas (versión germano-magiar), la joven al final implora al verdugo que le corte los pies señalando las tenebrosas consecuencias de la domesticación del instinto, como recuerda Clarissa Pinkola en ‘Mujeres que corren con lobos’ (1998). Sin embargo (y esto es nuevo: hay que observarlo), la cinematográfica Lady Macbeth de Oldroyd no abdica, no es castigada todavía más, y acaba matando incluso al agente de su deseo. Se muestra entonces no ya tan víctima de él, sino especialmente de un enojo acumulado al que ha permanecido “atada demasiado tiempo”. Como una venganza histórica de todas las que han estado atadas durante siglos y ahora son más conscientes que nunca de ello. Y, por eso, el ataque a las propias dependencias libidinales que también la han mantenido bajo el yugo del opresor, se añade a la ausencia de castigo social.

Pero hay en esta protesta encolerizada y oscura una referencia a algo más subterráneo y extenso que la opresión patriarcal de la mujer, aunque ésta sirva al filme como metáfora inestimable. Algo profundamente ignorado en el relato social e individual, donde cabalgamos enajenadamente entre los extremos de la represión del instinto y el descontrolado y superficial escape hedonista: todas las veces que eludimos el peso y las dificultades de la confección artesana de nuestra vida y nos encaramamos a una carroza dorada para que dirija el rumbo, para que decida el camino en nuestro lugar, iniciando así, casi sin darnos cuenta, el camino hacia la locura.


Fuente: Pikara

julio 22, 2017

El proceso de un proyecto desde Extremadura: Tejiendo Puentes"


Este es ante todo un artículo de agradecimiento a todas las personas que han estado trabajando con nosotras durante la ejecución del proyecto “Tendiendo Puentes desde Extremadura para la construcción de una ciudadanía global y la defensa de los derechos humanos y de las mujeres”, financiado por la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AEXCID, y a nuestras compañeras de la delegación de Paz con Dignidad de Andalucía, por haber puesto la primera piedra de un puente que une, aun más, al suroeste peninsular con países y colectivos centroamericanos y que demuestra tener pilares sólidos, para cruzarlo seguras, tranquilas y llenas de futuro.

El primer paso para construir un puente

El proyecto en Extremadura comienza organizando una red de personas vinculadas al ámbito de la igualdad, el asociacionismo femenino, centros educativos y entidades de cooperación para el desarrollo extremeñas y centroamericanas. Con estas personas se inicia un proceso en el que se van identificando particularidades de cada colectivo y zona geográfica para aportar una información y un plan de trabajo que permite a los grupos beneficiarios detectar la implicación y el impacto de los derechos humanos y de las mujeres en su contexto próximo y en sus hechos cotidianos.

Después, el trabajo se centra en pequeños grupos de cinco municipios diferentes, pequeños grupos de mujeres de asociaciones de mujeres y de alumnas y alumnos de centros educativos de secundaria, con los que trabajan las unidades didácticas “Las organizaciones extremeñas tendemos puentes hacia una ciudadanía global” y “Somos jóvenes y tendemos puentes hacia una ciudadanía global”. Mediante estas unidades, con la orientación del personal técnico de Paz con Dignidad y el enfoque de derechos humanos, analizan el contexto en el que viven, despertando y afianzando a través del trabajo colaborativo el interés y el compromiso activo en la defensa de los derechos humanos y de las mujeres. A lo largo de las sesiones se abordan cuestiones relacionadas con la violencia, el maltrato, la desigualdad, causas y sus consecuencias, y se han trabajan y analizan estrategias positivas de respuestas vinculadas al desarrollo, la solidaridad, la sororidad, la ciudadanía global o la cooperación. A través de metodologías de escritura colectivas, basadas en premisas de autores como José Luis Corzo Toral, se organizan los resultados para poder generar un material de defensa de los derechos humanos y de las mujeres que sirva como herramienta de sensibilización, concienciación y transformación social.

Pilares de palabras y experiencias

Las primeras sesiones de las unidades didácticas se destinaron al conocimiento y teoría de los derechos humanos y de las mujeres. Se dotó de contenidos conceptuales a los grupos y se analizó de forma crítica y reflexiva el entorno y detectaron aquellas situaciones en los que la defensa de los derechos humanos y de las mujeres es necesaria, aspectos tan cercanos como la inclusión de la mujer en el deporte o el aprovechamiento de los espacios de ocio públicos. Es así como los participantes toman conciencia de una realidad que no es tan homogénea e igualitaria como pensaban. A estas primeras sesiones se unieron colectivos de mujeres centroamericanas, que ofrecieron la experiencia vivida como mujeres en sus territorios, aportando una visión más global de los problemas que nos afectan a todas.

A través de la reflexión y el diálogo sobre las ideas que fueron surgiendo se fue creando un guion siguiendo pautas de escritura colectiva. Este guion dio paso a un audiovisual en el que las participantes fueron las protagonistas.

Una oportunidad para dar voz

El material audiovisual creado en el marco del proyecto está diseñado como una herramienta de concienciación y transformación social, pero a la vez el proyecto ha querido facilitar un espacio de expresión y comunicación a la ciudadanía del trabajo que desarrollan estos grupos, considerando esta acción como uno de los aspectos claves que debe cumplir la Educación para el Desarrollo. El trabajo de estos meses ha servido de vehículo para que los grupos participantes puedan expresar y dar a conocer una realidad que les preocupa, de ahí que desde las asociaciones de mujeres se hayan abordado temas como el derecho al ocio, los cuidados, la salud, el consumo o el reparto de las tareas domésticas, así como el papel de la mujer en el ámbito rural actual. En este último caso se hizo una comparativa generacional tomando como punto de partida coplillas del folklore extremeño de la zona, lo que les permitió reivindicar no solo su lugar como mujer, sino también la defensa de su tradición, origen y territorio. A la vez han mostrado cómo han adquirido nuevos términos del vocabulario feminista actual, como empoderamiento, y han hecho un reconocimiento a la inclusión de la mujer en la esfera política de la región.

En cuanto a los centros educativos, han puesto imagen y respuesta a dos temas que preocupan a los y las jóvenes profundamente. Uno de ellos ha sido la violencia en las aulas, especialmente el bullying, ofreciendo a través del audiovisual estrategias de acción para llevar a cabo en los centros educativos. Para luchar contra este tipo de agresión que atenta a los derechos humanos de las personas se necesita de una colaboración grupal y apoyo mutuo, dar un paso para quitarse la venda ante el acoso escolar y no solo denunciar sino mostrar una mano amiga y compañera a quienes están sufriendo esa situación, cerrando la puerta a la violencia y abriéndola a la amistad. El segundo tema trabajado desde los centros educativos ha sido la desigualdad de género basada en estereotipos negativos, desmontarlos a través de la palabra de alumnas que han puesto voz e imagen reivindicando un espacio que el patriarcado continuamente les impide y violenta. Estas jóvenes se muestran seguras y firmes ante esas ideas preconcebidas que nada tienen que ver con ellas.

El camino hacia la otra orilla

Somos conscientes de que acaba de comenzar un proceso de largo aliento, pero ya estamos encaminadas, buscando estrategias para seguir construyendo juntas, más emancipadas, libres y conocedoras de todo el potencial de lucha y transformación que poseemos. La red se amplía al final de este proceso, y con ella el puente que tendemos.

Por Estefanía Castillo Murillo y Beatriz Jiménez, equipo técnico de Paz con Dignidad en Extremadura.
Fuente: Artículo elaborado para Pueblos en el marco del proyecto “Tendiendo Puentes desde Extremadura para la construcción de una ciudadanía global en defensa de los DDHH y de las mujeres”, financiado por la Agencia Extremeña de Cooperación para el Desarrollo (AEXCID).